lunes, 31 de julio de 2017

V E N E Z U E L A




Andrés Piqueras
Profesor de Sociología
de la Universitat Jaume I de Castellón


¿Por qué a Albert Rivera, a Rafael Antonio Hernando, a la jerarquía del PSOE y al conjunto de los medios de difusión masiva de España les preocupa tanto Venezuela?
¿Por qué no les preocupan los líderes sociales, campesinos, indígenas, que son asesinados todas las semanas en Honduras, tras el golpe de Estado que dieron allí y que España legitimó? ¿Por qué no les incumbe la violación sistemática de los derechos humanos que ocurre en Guatemala, Colombia, Perú, Paraguay (otro golpe de Estado mediante) o Panamá? ¿Por qué ni al señor Rivera, ni al señor Hernando ni a Pedro Sánchez les preocupa la salvajización social que lleva a cabo el Estado mexicano, incompatible con cualquier viso de democracia? ¿Por qué tampoco ni les hace pestañear  el deterioro brutal de las condiciones de vida en Brasil y Argentina, tras los “golpes blandos” efectuados contra sus democracias?
En Chile hay decenas de presos políticos mapuches. En muchos países del mundo las cárceles están llenas de presos políticos (en otros lugares, como varios de los nombrados, no hay tantos presos políticos porque a los activistas sociales, a los disidentes, se les mata directamente). Pero a nuestra brutal elite política sólo le interesa uno: Leopoldo López. Una persona que en España estaría encausada incluso antes de la “Ley Mordaza” por incitar a la rebelión, a la sedición y al levantamiento militar contra el orden establecido. Y que, a diferencia de lo que podría hacer aquí, sigue lanzando mensajes de rebelión, sedición y levantamiento militar desde su arresto domiciliario (¡curiosa dictadura que permite eso!).
Venezuela es un país extraño, ha padecido históricamente un capitalismo parasitario y rentista, sostenido sobre un solo producto de exportación primario que impregnó todo el entramado social e institucional, conformando un Estado-petrolero proverbial, de esencia clientelar. Generó, en consecuencia, una población alienada en torno a la renta de aquel producto y sus actividades derivadas, así como una estructura económica ultra deformada, con una evolución anómala de las fuerzas productivas y de las consiguientes relaciones sociales de producción.
La herencia de esta economía no productiva ha sido una muy alta exclusión social, desempleo y pobreza extrema para grandes capas de la población. Pero entonces sus gobernantes eran “demócratas”, bien tratados por nuestros medios de destrucción cerebral masiva (también llamados “de comunicación”), y Carlos Andrés Pérez, que mató a su población a discreción, era amigo íntimo de Felipe González, el mismo que hoy llama veladamente al alzamiento militar contra Maduro.
Venezuela ha celebrado 19 elecciones en los últimos 15 años, con el sistema de recuento electoral “más avanzado del mundo”, según la Fundación Jimmy Carter.
La oposición, conocida como “escuálida” en Venezuela a tenor de sus 11 severas derrotas electorales seguidas, desde 1998 hasta el referéndum de diciembre de 2007, se apoya por supuesto en Estados Unidos y en el conjunto de instituciones y países capitalistas centrales, que tienen especial interés en destruir (una vez más) el proyecto bolivariano no sólo en Venezuela sino obviamente en el conjunto de América Latina. Entre sus fuerzas cuenta, ¿cómo no?, con el fervoroso apoyo de la neo-socialdemocracia internacional, y muy en concreto de la española, con palmarios y sustanciosos intereses en el país. También tiene de su parte la llamada “guerra de cuarta generación”, por la que medios de difusión nacionales e internacionales (entre los que ocupa un destacado papel el Grupo Prisa) se muestran en continua y ultra-agresiva campaña en contra de un gobierno legítimo que ha osado desafiar parcialmente los aparentemente intocables principios de la acumulación capitalista.
En conjunto, la estrategia opositora no por burda y manida es menos peligrosa. Se puede resumir como sigue:
 1ª etapa: de ablandamiento empleando la guerra de 4ª generación (Operación desencanto). Desarrollo de matrices de opinión centradas en déficit reales o potenciales del proceso de transformación. Cabalgamiento de los conflictos y promoción del descontento. Promoción de factores de malestar, entre los que destacan: desabastecimiento, criminalidad, fuga de capital y manipulación del dólar paralelo, paro de transporte, parálisis de servicios esenciales.
2ª etapa: de deslegitimación. Impulso de campañas publicitarias en defensa de la “libertad de prensa”, “derechos humanos” y “libertades públicas”. Acusaciones de totalitarismo y pensamiento único. Fractura ético-política.
3ª etapa: de calentamiento de la calle. Fomento de la movilización de calle con amplios medios proporcionados por EE.UU. y la UE, entre otros. Elaboración de una plataforma de lucha que globalice las demandas políticas y sociales. Generalización de todo tipo de protestas, resaltando fallas y errores gubernamentales que han sido provocados por la propia guerra económica y social opositora. Organización de manifestaciones, trancas y tomas que radicalicen la confrontación, incluyendo asesinatos selectivos como ya ha ocurrido.
4ª etapa: de combinación de diversas formas de agresión (pacificas, violentas y armadas), acciones de calle y operaciones encubiertas. Organización de marchas y tomas de instituciones emblemáticas, con el objeto de coparlas y convertirlas en plataforma publicitaria. Desarrollo de operaciones de guerra psicológica y acciones armadas (con el invaluable apoyo de paramilitares colombianos) para justificar medidas represivas y crear un clima de ingobernabilidad. Impulso de campaña de rumores entre fuerzas militares y tratar de desmoralizar los organismos de seguridad.
5ª etapa: de fractura institucional. Sobre la base de las acciones callejeras, tomas de instituciones y pronunciamiento militares, se obliga a la renuncia del presidente. En caso de fracaso, se mantiene la presión de calle y se vira hacia la resistencia insurreccional. Preparación del terreno para una intervención militar extranjera o el desarrollo de una guerra civil prolongada. Promoción del aislamiento internacional y el cerco económico al país.
Si la oposición venezolana tiene mayoría en el Parlamento hoy es porque ganaron las últimas elecciones legislativas. Pero no fueron elecciones presidenciales. Por eso sigue Maduro. Y lo que éste quiere llevar a cabo es un referéndum para hacer un nuevo proceso constituyente que avance en los logros democráticos del proceso bolivariano. Se podrá estar de acuerdo o no con la oportunidad del mismo, pero se trata sólo de votar.
Si tan segura está la oposición de sí misma, ¿por qué le tiene miedo a votar?
Cuando se tocan los privilegios y dispositivos de poder de la burguesía nacional y transnacional, por poco que sea, te conviertes en una malvada dictadura. No importa las elecciones que hagas. Todos los señores Rivera, Hernando y González del mundo te atacarán, mientras se dan abrazos con quienes de verdad destrozan sociedades (y mientras a menudo las versiones progres de nuestra política miran para otro lado cuando les preguntan por Venezuela, porque no se atreven a defender ni sus logros ni su importantísimo papel en la integración latinoamericana y en las luchas de los pueblos).
¿Qué haríamos aquí si alguien llamara a desconocer al gobierno salido de las urnas, a preparar un levantamiento social, a incitar al ejército a sublevarse?
 Fíjense la que está montando el Gobierno español sólo porque el Gobierno catalán ha llamado también a otra consulta popular.
 
¡Vivan los demócratas!
 
 
XENTILEZA DO:   COSAL   A CORUÑA 
(Comité de solidaridad con América latina)
 

sábado, 29 de julio de 2017

No a la intervención extranjera - En defensa de Venezuela

Boaventura de Sousa Santos.- Venezuela vive uno de los momentos más críticos de su historia. Acompaño crítica y solidariamente la Revolución bolivariana desde el inicio. Las conquistas sociales de las últimas dos décadas son indiscutibles. Para comprobarlo basta consultar el informe de la ONU de 2016 sobre la evolución del índice de desarrollo humano. Dice este informe: “El índice de desarrollo humano (IDH) de Venezuela en 2015 fue de 0.767 –lo que colocó al país en la categoría de alto desarrollo humano–, posicionándolo en el puesto 71º de entre 188 países y territorios. Tal clasificación es compartida con Turquía. De 1990 a 2015, el IDH de Venezuela aumentó de 0.634 a 0.767, un aumento de 20,9 %. Entre 1990 y 2015, la esperanza de vida al nacer aumentó a 4,6 años, el período medio de escolaridad ascendió a 4,8 años y los años de escolaridad media general aumentaron 3,8 años. El rendimiento nacional bruto (RNB) per cápita aumentó cerca de 5,4% entre 1990 y 2015”. Se hace notar que estos progresos fueron obtenidos en democracia, solo momentáneamente interrumpida por la tentativa de golpe de Estado en 2002 protagonizada por la oposición con el apoyo activo de Estados Unidos.
La muerte prematura de Hugo Chávez en 2013 y la caída del precio de petróleo en 2014 causaron una conmoción profunda en los procesos de transformación social entonces en curso. El liderazgo carismático de Chávez no tenía sucesor, la victoria de Nicolás Maduro en las elecciones siguientes fue por escaso margen, el nuevo presidente no estaba preparado para tan complejas tareas de gobierno y la oposición (internamente muy dividida) sintió que su momento había llegado, en lo que fue, una vez más, apoyada por Estados Unidos, sobre todo cuando en 2015 y de nuevo en 2017 el presidente Obama consideró a Venezuela como una “amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos”, una declaración que mucha gente consideró exagerada, si no mismo ridícula, pero que, como explico más adelante, tenía toda lógica (desde el punto de vista de Estados Unidos, claro). La situación se fue deteriorando hasta que, en diciembre de 2015, la oposición conquistó la mayoría en la Asamblea Nacional. El Tribunal Supremo de Justicia suspendió a cuatro diputados por alegado fraude electoral, la Asamblea Nacional desobedeció, y a partir de ahí la confrontación institucional se agravó y fue progresivamente propagándose en las calles, alimentada también por la grave crisis económica y de abastecimiento que entretanto explotó. Más de cien muertos, una situación caótica. Mientras, el presidente Maduro tomó la iniciativa de convocar una Asamblea Constituyente (AC) a ser elegida el día 30 de julio y Estados Unidos amenaza con más sanciones si las elecciones se producen. Es sabido que esta iniciativa busca superar la obstrucción de la Asamblea Nacional dominada por la oposición.
El pasado 26 de mayo suscribí un manifiesto elaborado por intelectuales y políticos venezolanos de varias tendencias políticas, apelando a los partidos y grupos sociales en conflicto a parar la violencia en las calles e iniciar un debate que permitiese una salida no violenta, democrática y sin la injerencia de Estados Unidos. Decidí entonces no volver a pronunciarme sobre la crisis venezolana. ¿Por qué lo hago hoy? Porque estoy alarmado con la parcialidad de la comunicación social europea, incluyendo la portuguesa, sobre la crisis de Venezuela, una distorsión que recorre todos los medios para demonizar un gobierno legítimamente electo, atizar el incendio social y político y legitimar una intervención extranjera de consecuencias incalculables. La prensa española llega al punto de embarcarse en la posverdad, difundiendo noticias falsas sobre la posición del gobierno portugués. Me pronuncio animado por el buen sentido y equilibrio que el ministro de Asuntos Exteriores portugués, Augusto Santos Silva, ha mostrado sobre este tema. La historia reciente nos muestra que las sanciones económicas afectan más a ciudadanos inocentes que a los gobiernos. Basta recordar los más de 500 mil niños que, según el informe de Naciones Unidas de 1995, murieron en Irak como resultado de las sanciones impuestas después de la guerra del Golfo Pérsico. Recordemos también que en Venezuela vive medio millón de portugueses o lusodescendientes. La historia reciente también nos enseña que ninguna democracia sale fortalecida de una intervención extranjera.
Los desaciertos de un gobierno democrático se resuelven por vía democrática, la cual será tanto más consistente cuanto menor sea la interferencia externa. El gobierno de la Revolución bolivariana es democráticamente legítimo. A lo largo de muchas elecciones durante los últimos veinte años, nunca ha dado señales de no respetar los resultados electorales. Ha perdido algunas elecciones y puede perder la próxima, y solo sería criticable si no respetara los resultados. Pero no se puede negar que el presidente Maduro tiene legitimidad constitucional para convocar la Asamblea Constituyente. Por supuesto que los venezolanos (incluyendo muchos chavistas críticos) pueden legítimamente cuestionar su oportunidad, sobre todo teniendo en cuenta que disponen de la Constitución de 1999, promovida por el presidente Chávez, y disponen de medios democráticos para manifestar ese cuestionamiento el próximo domingo. Pero nada de eso justifica el clima insurreccional que la oposición ha radicalizado en las últimas semanas y cuyo objetivo no es corregir los errores de la Revolución bolivariana, sino ponerle fin, imponer las recetas neoliberales (como está sucediendo en Brasil y Argentina) con todo lo que eso significará para las mayorías pobres de Venezuela. Lo que debe preocupar a los demócratas, aunque esto no preocupa a los medios globales que ya han tomado partido por la oposición, es la forma en que están siendo seleccionados los candidatos. Si, como se sospecha, los aparatos burocráticos del partido de Gobierno han secuestrado el impulso participativo de las clases populares, el objetivo de la Asamblea Constituyente de ampliar democráticamente la fuerza política de la base social de apoyo a la revolución se habrá frustrado.
Para comprender por qué probablemente no habrá salida no violenta a la crisis de Venezuela, conviene saber lo que está en juego en el plano geoestratégico global. Lo que está en juego son las mayores reservas de petróleo del mundo existentes en Venezuela. Para el dominio global de Estados Unidos es crucial mantener el control de las reservas de petróleo del mundo. Cualquier país, por democrático que sea, que tenga este recurso estratégico y no lo haga accesible a las multinacionales petroleras, en su mayoría norteamericanas, se pone en el punto de mira de una intervención imperial. La amenaza a la seguridad nacional, de la que hablan los presidentes de Estados Unidos, no está solamente en el acceso al petróleo, sino sobre todo en el hecho de que el comercio mundial del petróleo se denomina en dólares estadounidenses, el verdadero núcleo del poder de Estados Unidos, ya que ningún otro país tiene el privilegio de imprimir los billetes que considere sin que esto afecte significativamente su valor monetario. Por esta razón Irak fue invadido y Oriente Medio y Libia arrasados (en este último caso, con la complicidad activa de la Francia de Sarkozy). Por el mismo motivo, hubo injerencia, hoy documentada, en la crisis brasileña, pues la explotación de los yacimientos petrolíferos presal estaba en manos de los brasileños. Por la misma razón, Irán volvió a estar en peligro. De igual modo, la Revolución bolivariana tiene que caer sin haber tenido la oportunidad de corregir democráticamente los graves errores que sus dirigentes cometieron en los últimos años.
Sin injerencia externa, estoy seguro de que Venezuela sabría encontrar una solución no violenta y democrática. Desgraciadamente, lo que está en curso es usar todos los medios disponibles para poner a los pobres en contra del chavismo, la base social de la Revolución bolivariana y los que más se beneficiaron de ella. Y, en concomitancia, provocar una ruptura en las Fuerzas Armadas y un consecuente golpe militar que deponga a Maduro. La política exterior de Europa (si se puede hablar de tal) podría constituir una fuerza moderadora si, entre tanto, no hubiera perdido el alma.
Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

jueves, 27 de julio de 2017

Nueva victoria chavista en la OEA y “hora cero”.

Por Ángel Guerra Cabrera.- La afirmación del director de la CIA Mike Pompeo, de que “trabaja” con los gobiernos de México y Colombia para asegurar una “transición” en Venezuela, clásico eufemismo para designar el derrocamiento de un gobierno legítimo, no debiera sorprender. Es largo y sangriento el historial de golpes de Estado de la CIA contra gobiernos democráticamente electos que intentaron hacer una política de soberanía nacional y justicia social, como los de Jacobo Arbenz en Guatemala(1954) y Salvador Allende en Chile(1973), por sólo mencionar dos ejemplos paradigmáticos. Pompeo, integrante del Tea Party(ultraderecha del Partido Republicano) agregó que estuvo recientemente en la Ciudad de México y en Bogotá para “ayudarlos … a comprender lo que pueden hacer para lograr un mejor resultado para su parte del mundo y nuestra parte …” A confesión de parte, relevo de pruebas.
 Ninguno de los dos gobiernos ha desmentido haberse reunido con Pompeo para discutir el tema de Venezuela. Se han limitado a negar de forma abstracta que interfieran en los asuntos internos de ese país. Pero resulta un oxímoron que los líderes, de los dos gobiernos neoliberales de América Latina más estrechamente aliados a Estados Unidos, reciban en estos tiempos al director de la CIA si no es para hablar sobre el derrocamiento del gobierno constitucional de Venezuela.
La fobia de Washington hacia el proyecto bolivariano del siglo XXI es harto conocida desde que su fundador y líder Hugo Chávez llegó a la presidencia en 1999. George W. Bush apoyó el derrotado golpe de Estado de abril de 2002 y desde entonces el rastro del intervencionismo yanqui en la patria de Bolívar sale a cada paso.  Caracas ha debido expulsar a un embajador y a numerosos diplomáticos de ese país y los cables revelados por Wikyleaks confirman su descarada injerencia en Venezuela. Obama emitió el ridículo decreto que la declara un “grave peligro” para la seguridad nacional de Estados Unidos y la actitud del gobierno de Trump ha sido aún más hostil. Groseramente intervencionista, ha llegado al extremo de amenazar con “duras y rápidas sanciones” al gobierno de Maduro si no suspende la celebración de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente(ANC) y pone como ejemplo de práctica democrática el fraudulento plebiscito opositor del 16 de julio. Ya no se pudo esperar a esa fecha y dictó sanciones contra 13 altos funcionarios venezolanos.
La versión de los acontecimientos políticos en Venezuela que ofrecen los medios dominantes capitaneados por CNN es totalmente propagandística y ajena a los hechos reales. Un ejemplo muy cercano fue la manipulación de una foto tomada a una multitud chavista en el simulacro de elección a la ANC también celebrado el 16 de julio. El colonialista diario español El País la publicó y dijo que se trataba de chavistas votando ¡en el plebiscito de la oposición!
Y es que el proceso constituyente enfrenta los planes estadunidenses de guerra contra Venezuela y ha galvanizados al chavismo, sujeto revolucionario ejemplar de recia estirpe antimperialista, a los sectores populares donde hay disgusto con el desabastecimiento y las colas pero  que no quieren deslizar el país al caos y tampoco la vuelva a la cuarta república. En pocas palabras, la contrarrevolución no ha ganado apoyo en el pueblo ni en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que ha dado una contundente prueba de apoyo al proceso constituyente.
Como ha dicho la periodista Carola Chávez: si la opositora MUD dice que el chavismo ya no existe por qué está tan ocupada pidiendo al pueblo que no vaya a votar el 30 de julio. Añado, en apoyo a Carola que, a la vez, los terroristas de la oposición lanzan cocteles Molotov contra los centros de votación a donde el sábado acudirán millones de venezolanos a elegir sus delegados a la ANC. Luis Hernández Navarro ha bautizado con exactitud a los incendiarios como “aprendices tropicales de ISIS”. El diario estadunidense Chicago Tribune es el primero estadunidense en calificarlos de bandidos. La verdad se abrirá paso.
Caracas y toda Venezuela, salvo por lugares muy focalizados, están en calma me informan amigas y amigos venezolanos desde distintos lugares del país. Presiento una gran derrota para la oposición y el imperialismo en la elección del 30; no en balde han hecho tanto por deslegitimarla e impedirla.  Almagro recibió ayer su tercera pateadura en la OEA. Parece el preámbulo de nuevas victorias chavistas. ¿Hora cero? Será para la contrarrevolución.

Twitter:@aguerraguerra