viernes, 15 de septiembre de 2017

La guerra contra el terrorismo se ha dirigido contra los musulmanes casi exclusivamente

MAHA HILAL*
Foreign Policy in Focus, 11 de Septiembre de 2017
(traducción de Senén Murias)

Cada año, el 11 de septiembre, Estados Unidos lamenta las vidas inocentes que se perdieron en los ataques terroristas del 2001.

Cada año recuerdo yo también a esas víctimas. Pero lamento también a las víctimas, a menudo olvidadas, de las interminables guerras y draconianas políticas de lucha contra el terrorismo en el mundo posterior al 9-11: la comunidad musulmana.

En su discurso ante el Congreso poco después de los ataques, el entonces presidente Bush dirigió un trozo del mismo a los musulmanes. "El enemigo de EE,UU. no son nuestros muchos amigos musulmanes; no son nuestros muchos amigos árabes ", dijo. "Nuestro enemigo es una red radical de terroristas y todos los gobiernos que los apoyan". A pesar del intento de Bush de distinguir entre los "buenos" y los "malos" musulmanes, la guerra contra el terrorismo se ha dirigido casi exclusivamente contra la comunidad musulmana en general.

En el extranjero, varias naciones musulmanas han sido devastadas por invasiones y operaciones militares de Estados Unidos. A partir de 2015, Physicians for Social Responsibility estimó que 1.3 millones de iraquíes, afganos y paquistaníes habían muerto en el curso de la guerra contra el terrorismo, cifra que esa organización llamó "conservadora", y señalando que no incluye cifras de otras zonas de guerra como Yemen y Somalia. Las víctimas civiles son numerosísimas en todos estos lugares, y presuntos combatientes han muerto por centenares estando en custodia militar de Estados Unidos.

En el ámbito interno (norteamericano), la policía ha elegido sistemáticamente a los musulmanes para hacerles víctimas de abusos especiales.

Las congregaciones y grupos estudiantiles musulmanes han sufrido una vigilancia intrusiva. Y las agencias federales han atrapado sistemáticamente a presuntos "terroristas" musulmanes -un informe de Human Rights Watch de 2014 encontró que los informantes habían desempeñado un papel activo en la concepción de al menos el 30 por ciento de las tramas por las que se procesaron a sospechosos.

Mientras tanto, se construyeron y se usaron las llamadas ‘communication management units’ (en las que los presos federales tienen prohibido virtualmente todo contacto con el mundo exterior y con otros reclusos) para almacenar a los prisioneros musulmanes. En un momento dado, más del 60 por ciento de los reclusos alojados en ellas eran musulmanes, a pesar de que los musulmanes representaban sólo el 6 por ciento del sistema carcelario.

En la todavía más extrema prisión de Guantánamo, ese número se eleva al 100 por ciento.

Pero no todo termina ahí, porque las leyes y las políticas de la guerra contra el terror han creado una cultura del miedo: una que enseña a la sociedad estadounidense a temer a los musulmanes, y otra que enseña a los musulmanes a temer al gobierno de los Estados Unidos. Aunque la situación se ha puesto  peor con Trump, no es algo que comenzara con él. El gobierno de Bush construyó la violenta infraestructura de la guerra contra el terror, Obama la expandió, y Trump simplemente la está desarrollando.

A principios de este año, el presidente Trump firmó dos órdenes ejecutivas, comúnmente referidas como Muslim Ban (interdicto musulmán) y Muslim Ban 2.0, que paralizaron la emisión de visados a personas de siete (y más tarde seis) países mayoritariamente musulmanes.

Aunque muchos se sorprendieron por este acto manifiesto de racismo y xenofobia, la guerra contra el terror ha enseñado a los musulmanes como yo que esto no es nada nuevo. Las órdenes llegaron en medio de una oleada de crímenes de odio contra los musulmanes, que recientemente alcanzaron sus niveles más altos desde el 11 de septiembre. Además, el número de crímenes de odio de este año ha superado con creces al de 2016 - en un 91 por ciento, según el Council of American Islamic Relations .

"Si bien el prejuicio que motiva un crimen de odio puede ser inusual en su ferocidad" (explicaba un  informe de Human Rights Watch en 2002), "está arraigado en un clima público más amplio de discriminación, de miedo e intolerancia contra las comunidades objetivo, clima que también pude ser reflejado o agravado por las política públicas".

Como musulmana estadounidense que he vivido en los Estados Unidos durante la mayor parte de mi vida, el 11 de septiembre me enseñó algunas cosas. Me enseñó que la responsabilidad colectiva está en el corazón de las leyes y políticas que se han desarrollado en la guerra contra el terrorismo: que (los musulmanes) seremos sus objetivos hasta que demostremos que somos "buenos" musulmanes, acríticos con la política exterior y creyentes en el sueño americano.

Me enseñó que la libertad religiosa es un valor que los Estados Unidos aprecia, hasta que los musulmanes tratan de reclamarla. Entonces se convierte en un problema de seguridad.

Me enseñó que esto es lo que muchos grupos han experimentado en nuestro país. Diferentes grupos han sido hostilizados en diferentes momentos y bajo distintos paraguas en aras de nuestra "seguridad nacional", que no es más que racismo y xenofobia legitimados e institucionalizados.

Este año se cumplirán 16 años de la guerra contra el terrorismo - 16 años de medios militares y militaristas para presuntamente reducir la amenaza terrorista, que de hecho han aterrorizado a mi propia comunidad.

Este año, como miembro de la Justice for Muslims Coalition de Washington DC, estoy dirigiendo una campaña llamada # MySept 11MuslimStory para proporcionar un espacio en el que los musulmanes compartan sus historias sobre las consecuencias que han experimentado después del 11 de septiembre -- no sólo derivadas del gobierno de Estados Unidos. gobierno, sino de la sociedad en general. Esta es mi manera de capacitar a la comunidad musulmana para que resista la opresión que hemos experimentado sobre la base de la responsabilidad colectiva.

Se suponía que la guerra contra el terror debía ser para hacer más seguro nuestro país. Pero como musulmana americana, no me siento más segura. Por el contrario, sospecho que esos sentimientos de seguridad nunca pretendieron ser extendidos a mí o a mi comunidad. Nuestro empoderamiento es sumamente importante para prepararnos ante los retos que tengamos en el futuro.

Este artículo apareció originalmente en Foreign Policy in Focus.

*Maha Hilal, Ph.D., es la fellow Michael Ratner de Oriente Medio en el Instituto de Estudios Políticos de Washington, DC.  También es miembro del comité directivo de Justice for Muslims Coalition del DC,  organizadora de Testigos Contra la Tortura, y miembro del consejo de administración del Gremio Nacional de Abogados en el DC.

1 comentario:

  1. LOS IMPERIALISTAS ,LOS VENDEDORES DE ARMAS,LOS CRIMINALES CON UNIFORME O COMO MERCENARIOS SIN ÉL,NECESITAN UN ENEMIGO A QUIEN MATAR..SEA COREA,VIETNAM,NICARAGUA, O LOS ÁRABES..PARA NERÓN FUERON LOS CRISTIANOS,Y PARA HITLER LOS JUDÍOS..EL CASO ES ASESINAR,TORTURAR,MASACRAR,EXTERMINAR,ROBAR,EXPOLIARSAQUEAR ETC..EL CONDE DRÁCULA NECESITA SANGRE,Y SI ES DE NIÑOS MEJOR..

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