martes, 31 de octubre de 2017

Correlación de forzas

Lourenzo Fernández Prieto
Se algo non tiveron en conta os partidos partidarios da independencia de Cataluña foi a correlación de forzas. Minusvaloraron o poder do estado. Dun estado nacional que antes foi imperio e que está dotado de todos os recursos de coerción que necesita, incluída unha ideoloxía nacionalista forte. Desprezaron o que foi tan importante no momento da Transición, entender e recoñecer o poder do adversario para definir a súa estratexia e para redefinila tacticamente sobre a marcha segundo o devir dos acontecementos. Pensaron de verdade que a forza dunha exigua maioría de escanos era dabondo para sentar a este Estado a negociar. Acreditaron só nas súas razóns e logo do longo periplo que comezou no Estatut de 2006 e moitas labazadas, acabaron desentendidos da realidade.
Acordaron agora e por iso non chaman á resistencia senón á oposición, non obstante moitas leituras bélicas e puchistas que se lles atribuíron estes dias e moi axiña, seguramente, chamarán ás eleccións de decembro. Algúns historiadores da xeración da Transición que estudaron a débil nacionalización contemporánea española atribuírona a un estado débil e ineficaz que sería incapaz de construírse ao xeito do estado francés, do alemán ou mesmo do italiano. Nada máis lonxe da realidade pasada e presente.
Confundiuse diferenza con debilidade e pervivencia de culturas e linguas non casteláns con ineficacia do unitarismo. Economistas e politólogos insisten tanto hoxe no poder dos mercados e na debilidade da política que acabaron por deslembrar que historicamente nunca houbo mercado sen estados.
A política dos estados segue sendo en última instancia a que define os mercados.
Semella que os dirixentes cataláns, na súa interpretación do Estado español, acreditaron en ambos os dous erros precisamente cando estaban dispostos a converter Cataluña nun Estado de seu. Ideas erradas sobre pasado e presente, moitas veces convertidas en propaganda, levan a moitos a insistir no poder bélico e destrutivo dos nacionalismos e na idea de que as guerras que provocaron produciron millóns de mortos.
Deixando á parte que as tales guerras non só foron provocadas pola ideoloxía, esquecen que as guerras e mortaldades das que falan foron causadas por nacións estado en construción unitaria no século XIX (Francia, Alemania, Italia) e por imperios en descomposición e nacionalismos imperiais expansionistas nas guerras mundiais do século XX.
Minusvalorar a realidade envoltos en propaganda sempre ten malas consecuencias. Moi lonxe das forzas enfrontadas, identificadas, medidas e pactistas da mal contada transición.
O que se vai decidir nos próximos meses será se a recentralización e renacionaliación avanza ou se estanca, parece claro que o recoñecemento dun estado plurinacional queda algo máis lonxe de momento. Pero este Estado español, produto dunha antiga unión de reinos, onde 19 dos 46 millóns de habitantes viven en territorios bilingües e de usos e cultura non casteláns non vai sentirse identificado co nacionalismo castelanista nun futuro inmediato como non se sentiu no pasado. As tarefas, os retos e as solucións seguen pendentes.

Lourenzo Fernández Prieto: (A Devesa-Ribadeo, 1961), é catedrático de Historia Contemporánea na USC desde 2005, especializado en historia agraria e do mundo rural. ver máis

lunes, 30 de octubre de 2017

La teoría de los atajos

Celebración 5º aniversario 15M eldiario.es
Ya llevamos dos desplomes del régimen del 78 mientras gobiernan los mismos

PASCUAL SERRANO

En política son muchas las ocasiones en que, los que presuntamente lideran revoluciones y rebeliones, terminan frenándolas con la excusa de que hay que ir más despacio por razones tácticas. “Todavía no es el momento”, “si hacemos eso perderemos todo lo avanzado” y expresiones similares son utilizadas por quienes en lugar de empujar a los pueblos hacia su liberación usan su prestigio para contenerlos. Sin embargo, ahora quisiera escribir del caso contrario: de movimientos ingenuos y espontáneos que, sin partir de trayectoria ni organización, creen haber encontrado el atajo para llegar al paraíso. Aclaremos que no es mi objetivo combatirlos, en primer lugar porque sus intenciones son buenas y, en segundo, porque, solo son el reflejo de una sociedad. Una sociedad que se moviliza por impulsos de clicks en Internet, se ideologiza con tuits y se une mediante grupos de Whatsapp y Facebook.

Sucedió el 15M. Hastiados de partidos políticos, sindicatos y parlamentos pensaron que unidos en una plaza habían encontrado el atajo para la democracia. Los diputados o sindicalistas, fueran del signo que fueran, eran piezas (cuando no casta) de un viejo mundo que se derrumbaba. Recuerdo que las primeras movilizaciones se iniciaron pocos días antes de unas elecciones autonómicas y municipales pero nadie les prestaba atención y ganaron los de siempre. Pasaron los años y nada se derrumbó, algunos han podido comprobar que las leyes con las que se regula nuestra vida se deciden en los parlamentos; y los parlamentos los integran cargos públicos que la gente vota tras presentarse a unas elecciones. Las plazas, las asambleas y los grupos de debate en Internet poco pintan. El atajo, tan bien intencionado como ingenuo, no iba a ningún lado. Muchos se dieron cuenta y se incorporaron a la lucha. Allí vivieron en carne propia lo que tanto habían criticado: conflictos en su organización, dilemas entre el trabajo en la calle y el trabajo institucional, grupos de poder dentro del partido, visiones contrapuestas y enfrentadas según territorios, obligación de posicionarse en cuestiones concretas con alto coste político o, al contrario, estrategia electoral de ambigüedades que despertaban indignación en quienes exigían posicionamiento claro. En realidad no era nada malo, era, simplemente, lo que había antes de que ellos llegaran pero que tanto odiaban y tan ajeno consideraban. Y algunos han acabado olvidando nacionalizar eléctricas para evitar que la gente se muera de frío y concediendo desde sus ayuntamientos medallas a la virgen.

Ahora en Catalunya se ha vuelto a repetir algo similar. No nos gusta Rajoy, no queremos una monarquía, y como no hemos conseguido cambiarlo hemos descubierto un atajo: nosotros nos vamos y ahí os quedáis los españoles con Rajoy y el Borbón. Se trata de algo tan ilegal (esto podría ser incluso lo menos importante, las grandes revoluciones siempre fueron ilegales), imposible e inviable como pensar que se cambia la sociedad en la plaza de un pueblo mientras la derecha votaba a sus diputados y concejales para que hicieran las leyes. Hay una novedad, y es que hay un Gobierno, o quizás dos, a los que les interesa a corto plazo la jugada. De modo encuentran una revolución -un atajo- que, además es tan cómodo y sencillo que cuenta a su lado con un Gobierno autonómico que convoca paros laborales pagados, policías que se han convertido en buenos, televisiones autonómicas públicas que dan apoyo total a las manifestaciones. Los revolucionarios vivían con euforia la facilidad con la que se puede romper sentencias judiciales, poner rabiosa a la derecha española, ganar en el parlamento autonómico todo lo que nunca han conseguido... 

Cuanto más furiosa está la derecha nacional más tiene la percepción de ir avanzando en su revolución, aunque sea liderada por quienes han aprobado recortes, reformas laborales y privatizaciones, acompañados de los mismos policías que hace unos años les reventaban ojos con pelotas de goma y sin que nadie hable de nacionalizar bancos o sectores estratégicos, subir salarios mínimos o dedicar más presupuestos a prestaciones sociales. No se han parado a pensar que cuando atacas a la serpiente pero no la aplastas, su reacción puede convertirla en mucho más peligrosa. Es verdad que las revoluciones francesa, rusa o cubana contenían una gran dosis de utopía e ingenuidad, pero allí la unidad popular era sólida, básicamente porque les unía el grito de la aristocracia nos roba, el zar nos roba o Batista nos roba. Con el grito de “España nos roba” difícilmente se puede conseguir una unidad popular. 

Como sucedió en el 15M, quienes seguíamos pensando en aumentos de salarios mínimos, propiedad pública de sectores estratégicos de la economía y derechos sociales y renegábamos de liderazgos neoliberales o de misa diaria y compañeros policías, éramos unos agoreros incapaces de ver la inminente toma de La Bastilla. En el 15M éramos políticos y sindicalistas caducos que no veíamos la nueva política y ahora una casposa izquierda españolista. Mientras tanto, los recién aterrizados en la movilización política que iban a desplomar el régimen del 78 y el bipartidismo en las plazas del 15M lo vuelven a desplomar ahora en Catalunya. 

Ya llevan dos desplomes del régimen del 78 mientras gobiernan los mismos, pero los fracasados siguen siendo los sindicatos que van arañando mejoras laborales y convenios colectivos y los viejos izquierdistas que siguen señalando como objetivo el pan y el trabajo.

Fuente: eldiario.es, 29/10/2017
 

jueves, 26 de octubre de 2017

Nicolás Sartorius: «El movimiento secesionista catalán es muy insolidario y reaccionario»


El exdiputado, exdirigente del PCE y de IU, y cofundador de CC.OO. dice que romper países no es nada progresista ni de izquierdas, porque los trabajadores son los más perjudicados.

Activo luchador antifranquista, cofundador de Comisiones Obreras, dirigente del PCE, Nicolás Sartorius (San Sebastián, 1938) fue detenido varias veces bajo la dictadura y pasó más de seis años en prisión. Fue diputado en dos legislaturas, llegando a ser portavoz de IU. Tras abandonar la militancia política, se dedicó a escribir, especialmente sobre la Transición, y a colaborar en medios de comunicación. Actualmente es vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas. Sartorius se muestra preocupado ante la situación «muy complicada, muy peligrosa y muy incierta» que vive Cataluña.
-¿Cómo cree que va a influir el anuncio de la aplicación del artículo 155 de la Constitución?
-Yo hubiera preferido que no se tuviera que haber propuesto su aplicación. A nadie le debería gustar tener que intervenir en una comunidad autónoma, pero hay situaciones en que es inevitable. Hay que precisar que la autonomía continúa, lo que se hace es quitar a los gobernantes que han incumplido la legalidad y sustituirlos por otros que la repongan. Es un artículo que esperemos que no se tenga que aplicar, pero eso está absolutamente en manos del presidente de la Generalitat, volviendo a la legalidad y convocando elecciones. Tiene una salida digna y correcta en una democracia, en la que cuando hay crisis profundas, como en este caso, la solución siempre es dar la palabra a la ciudadanía. Me sorprende que se hayan hecho grandes manifestaciones bajo el eslogan «Volem votar» y ahora no se quiera votar en unas elecciones autonómicas con garantías. Es el acto democrático que necesita en este momento Cataluña.
-¿Qué pasaría si el Parlamento declara la independencia y a la vez Puigdemont convoca elecciones? ¿No se aplicaría el 155?
-Todo lo contrario. Si declaran la independencia sería la bomba atómica, aunque convoquen elecciones, que estarían al margen de la legalidad.
-Usted sitúa el origen inmediato de lo que está pasando en las jornadas del 6 y 7 de septiembre en el Parlamento catalán, cuando se votaron las leyes de referendo y de transitoriedad.
-Si no sabemos el origen de lo que está pasando estamos perdidos, en la bruma. En esas dos jornadas una mayoría exigua del Parlamento y el Gobierno de Cataluña deciden liquidar la Constitución, el Estatuto de Autonomía y toda la legislación europea. Eso se hizo en dos sesiones absolutamente abracadabrantes, violando todo tipo de reglamentos. Cuando una comunidad autónoma comete este tipo de ilegalidades brutales, el Estado tiene que hacer algo, porque supone romper España y Europa. Admitirlo y no hacer nada hubiera sido un cataclismo, lo peor de todo. Espero que Puigdemont convoque elecciones, porque aplicar el artículo 155 sería difícil de llevar a la práctica y puede provocar resistencias y fuertes movimientos en la calle, nos metería en un escenario desconocido.
-¿La reivindicación independentista tiene una base fundamentalmente económica?
-Yo siempre he sostenido que el movimiento independentista catalán no es nada de izquierdas ni de los trabajadores, sino de la pequeña y mediana burguesías, fundamentalmente de las capas medias, que luego tiran de sectores populares. Estos movimientos son muy insolidarios, porque nunca quieren independizarse los territorios más pobres, siempre son los más ricos. El independentismo catalán es un movimiento muy insolidario y profundamente reaccionario, puesto que si bien el derecho de autodeterminación tuvo sentido en la época de las colonias y los imperios, en la era de la globalización, la mundialización, las multinacionales, los grandes poderes económicos y tecnológicos y la revolución digital, romper países no tiene nada de progresista ni de izquierdas, sino todo lo contrario. Lo que se necesita hoy es federar, unir, para hacer frente a ese tipo de fenómenos.
-¿Quiénes serán los más damnificados?
-A quien más perjudica un movimiento independentista es a los trabajadores, son quienes lo van a pagar. En todos los países de Europa en los que ha habido secesión el movimiento sindical ha desaparecido prácticamente. Tiene una lógica, porque hay tal sentimiento nacionalista que lo sindical no importa o desaparece. En las repúblicas de la ex-Yugoslavia o la ex Unión Soviética la izquierda está fuera de juego. Hay tendencias muy ultraderechistas, como en Polonia, Hungría o Chequia, donde la izquierda ha quedado arrinconada.
-¿Qué consecuencias tendría en España?
-Si una parte de España se separa, se rompería el movimiento sindical, la caja única de la Seguridad Social, que es el elemento de solidaridad más importante, porque garantiza las pensiones, los convenios colectivos y las relaciones laborales, en un mercado que ya es único, lo que sería un desastre que perjudicaría enormemente a los trabajadores.

«Un referendo de independencia no es legal ni pactado»

Nicolás Sartorius afirma que «pedir diálogo no significa nada si no se explica sobre qué y dónde».
-Puigdemont quiere establecer un diálogo bilateral como si hubiera dos Estados, pero hay asuntos como este que hay que arreglar entre todos, en el Congreso de los Diputados. Y luego está sobre qué se habla, porque hasta ahora la impresión es que solo quieren dialogar sobre que les dejen hacer un referendo de independencia, y eso no es diálogo, es imposición. Yo soy partidario del diálogo, lo he practicado toda mi vida, en la transición lo dialogué todo, pero hay que fijar los términos.
-¿Es partidario de un referendo pactado sobre la independencia?
-El llamado referendo legal y pactado si es sobre la independencia no es ni legal ni pactado. No es legal porque el artículo 2 de la Constitución lo imposibilita, por lo que habría que reformarla previamente, y no es pactado porque la pregunta ya te la ponen.
-¿Qué le parece la posición de Podemos sobre Cataluña?
-Se equivoca, porque dice que Cataluña es soberana y puede decidir, con lo que podrían seguir sus pasos el País Vasco o Galicia y, por qué no, Canarias o Valencia. Esto nos llevaría a trocear la soberanía del pueblo español.
-¿Cuál sería la solución?
-Lo mejor sería que en Cataluña haya elecciones estatutarias convocadas por Puigdemont antes de aplicarse el 155, lo que abriría un espacio de negociación y, una vez restablecida la legalidad y en un ambiente de menos crispación, abrir el diálogo sobre la reforma constitucional en el Congreso, que debería ir en el sentido federal. Esa reforma la votarían todos los españoles y luego los de cada comunidad votarían los estatutos autonómicos que se vieran afectados. Habría que hablar de financiación, de las inversiones, de mejorar el autogobierno, de todo menos de la independencia, evitando la discriminación de unas comunidades por favorecer a otra.

«Decir que España ha vuelto al franquismo es una ofensa a quienes lo combatimos»

Sartorius considera que «decir que España ha vuelto al franquismo es una ofensa a quienes combatimos la dictadura».
-¿Qué piensa alguien como usted que pasó seis años en la cárcel durante la dictadura cuando se compara la España actual con el franquismo?
-Es una ofensa y una falta total de respeto a los que estuvimos luchando contra la dictadura y es no tener ni idea de lo que es una dictadura, un disparate absoluto. Pero eso tiene una base en los que hablan de régimen del 78, la misma palabra que se empleaba para denominar al franquismo. Es un error gravísimo de las fuerzas que se consideran progresistas o de izquierdas, como Podemos, porque realmente quienes trajeron la democracia y la Constitución fueron los sectores populares, los sindicatos con Comisiones Obreras al frente y partidos como el PCE. Fue producto de su lucha. Por eso descalificarlo es una torpeza. En la época de Franco, si te subías a los coches de la Guardia Civil y los pateabas te metían un consejo de guerra y te tirabas 30 años en la cárcel. No tiene absolutamente nada que ver la situación actual con aquella y es un mensaje muy destructivo que ofende a la inteligencia. La Constitución y las leyes, que se han cepillado los independentistas en dos días, a quienes protegen es a los débiles (el poderoso no las necesita), ya que reconoce los derechos de huelga, sindicación manifestación o reunión, que en el franquismo eran delito.
-¿Hay presos políticos en España? ¿Lo son Jordi Sànchez y Jordi Cuixart?
-No. Son personas que han cometido un delito, según considera una juez independiente. Cuando se dice que están presos por manifestarse pacíficamente por sus ideas no se dice la verdad. La jueza de la Audiencia Nacional, un tribunal que llamó también a declarar a Rajoy y que está metiendo mano al PP, que no se casa con nadie, dice que estas personas, y habrá que demostrarlo en un juicio, arengaron a gente para que impidiera que una orden judicial se pudiera cumplir. Puede que sea exagerado acusarlos de sedición, y más bien se les podría imputar por desórdenes públicos. Yo no los hubiera encarcelado, los habría dejado en libertad bajo fianza, para no alimentar el victimismo de los independentistas, pero la jueza actúa por criterios legales, no políticos.

 

lunes, 16 de octubre de 2017

PSUV gana regionales y asegura reelección de Maduro

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Con 18 gobernaciones ganadas en las elecciones del 15 de octubre de 2017, el Partido Unido Socialista de Venezuela se convierte en el favorito para ganar las elecciones presidenciales de 2018. Con esas 18 regiones chavistas y el apoyo de la Asamblea Constituyente, las condiciones políticas están dadas para desde ya asegurar la reelección de Nicolás Maduro.

La debacle de la oposición venezolana comenzó desde que llamó a protestas violentas que produjeron 150 muertos y mas de mil heridos, para 4 meses más tarde abandonar esa estrategia sin pedir perdón al pueblo venezolano. Entonces llegaron las elecciones regionales y se inscribieron en ellas a pesar de que habían jurado jamás dejar la lucha de calle. Tanta incoherencia, cinismo e irresponsabilidad fue castigada por cientos de miles de opositores que se decepcionaron de la MUD y no votaron por ella.

Culminada la batalla electoral, el mayor reto del PSUV es la recuperación económica del país, restituyendo el abastecimiento de alimentos y medicinas, mediante un llamado al diálogo con sectores empresariales que se sumaron a la agresión contra el gobierno mediante el sabotaje a la producción y el recorte voluntario de sus actividades para causar malestar social. Ahora esos empresarios que ven derrotados a sus aliados políticos (MUD) tienen la oportunidad de acercarse al gobierno y mediante una relación sincera, contribuir al reimpulso de la economía nacional.

Asimismo en lo político, la dirigencia revolucionaria tiene la oportunidad de relegitimar autoridades partidistas como lo manda el artículo 67 constitucional a través de la consulta electoral interna y seguidamente crear más espacios de interacción con el pueblo de a pie que no tiene militancia orgánica en el PSUV pero que desea acompañar las tareas políticas y sociales del proceso revolucionario de la mano de sus dirigentes.

A la comunidad internacional, el mensaje es claro, el pueblo votó por la paz, no quiere invasión militar extranjera, ni terrorismo guarimbero, tampoco bloqueo financiero; es tiempo ya de lanzar puentes diplomáticos para comenzar a revertir el pretendido aislamiento contra Venezuela.

Poir último, saludamos el gesto democrático del Presidente Maduro al reconocer inmediatamente los resultados electorales emitidos por el CNE, incluyendo los desfavorables al PSUV, y llamar a los nuevos gobernadores opositores a trabajar mancomunadamente por el bienestar del país.

*Doctor en Derecho Constitucional. Abogado penalista. Escritor marxista. Profesor de estudios políticos e internacionales en UCV. http://jesusmanuelsilva.blogspot.com

Fuente: Aporrea

 

jueves, 12 de octubre de 2017

Tiempos guevaristas.

Por Angel Guerra.- La acampada de miles de personas, principalmente jóvenes, de todo el mundo, en Vallegrande, Bolivia, muy cerca del lugar donde Che Guevara pasó a la inmortalidad, simboliza la permanente influencia y necesidad en el mundo del ejemplo y las ideas del revolucionario cubano-argentino. Entre los acampados, el presidente Evo Morales, principal convocante a las decenas de actividades culturales y políticas que se han llevado a cabo allí para recordar al Guerrillero Heroico a medio siglo de su caída en combate y posterior asesinato por órdenes de la CIA. Junto a Evo, los hijos y el hermano del Che, Roberto, así como el comandante Ramiro Valdés Menéndez, vicepresidente cubano y cercano compañero de Guevara en la Sierra Maestra, la invasión de Occidente y la batalla de Santa Clara.
Difícilmente un indio revolucionario habría llegado a la presidencia y refundado Bolivia sin el antecedente de la guerrilla del Che, el ejemplo moral que sentó, y el ciclo de luchas populares que inspiró a partir de entonces en el territorio de lo que es hoy el Estado Plurinacional.  Junto a Bolivia, también Venezuela, Ecuador y Cuba viven experiencias de transformación social en las que resulta evidente la presencia del fresco y renovador pensamiento del Che. Pero en muchos otros lugares del mundo, las luchas populares encuentran estímulo en ese pensamiento y ese ejemplo.
Es conocido el fervor que despierta el Che en el neozapatismo, en las universidades de América Latina y entre jóvenes de las cuatro esquinas del planeta.
El Che habló en Cuba este ocho de octubre en boca de su vicepresidente Miguel Díaz-Canel, quien al evocar la vigencia de su pensamiento ante el mausoleo donde reposan sus restos enarboló, como esencial en la política exterior de Cuba, aquella frase inolvidable del guerrillero en la Asamblea General de la ONU, en la que advertía que “no se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada”. Díaz-Canel dibujó el panorama de la difícil e incierta situación que atraviesa la humanidad con las nuevas formas de acumulación del capitalismo neoliberal, las intervenciones militares, los intentos de colonización y estandarización cultural, el peligro de una conflagración nuclear y el cambio climático como amenaza a la supervivencia del género humano. En un discurso de tono guevarista puso énfasis en la política internacionalista cubana y ante las amenazas y sanciones contra Venezuela reiteró “la solidaridad incondicional de Cuba al pueblo bolivariano y chavista, a su unión cívico-militar, al gobierno que encabeza el presidente constitucional, compañero Nicolas Maduro Moros”.
El vicepresidente isleño subrayó que fiel al legado de Fidel y del Che “Cuba no realizará concesiones inherentes a su soberanía e independencia y no negociará sus principios ni aceptará condicionamientos.  Los cambios necesarios en Cuba los está decidiendo soberanamente el pueblo cubano”.
Es pertinente recordar en estos tiempos que Guevara, quien en su diario de Bolivia anotó en el 14 aniversario del ataque al cuartel Moncada, “rebelión contra las oligarquías y los dogmas revolucionarios”, concedió singular trascendencia al estudio de la teoría revolucionaria en sus fuentes originales. A su enriquecimiento permanente mediante el análisis crítico de la realidad objeto de transformación. A la generación de una nueva conciencia socialista y comunista llamada a ser construida y superada cotidianamente en la práctica revolucionaria. A la voluntad indomable de lucha con el mayor apego a los principios. A la unidad sin prejuicios de todos los verdaderos revolucionarios al margen de sus siglas o etiquetas de procedencia y al ejercicio sin cortapisa del internacionalismo, requisitos indispensables tanto del derrocamiento del capitalismo y el ascenso del pueblo al poder político cuanto de la construcción de la nueva sociedad.
Junto a Fidel, pavimentó en su práctica como uno de los líderes de la Revolución Cubana y en el estudio de las experiencias previas el camino hacia la elaboración de una verdadera teoría de la construcción socialista, casi inexistente cuando Cuba abrazó esa aspiración. La autotrasformación del ser humano en “hombre nuevo” como objetivo central del socialismo y el papel fundamental de la voluntad para producir y acelerar las transformaciones revolucionarias son probablemente las más valiosas contribuciones al pensamiento revolucionario de estos dos grandes de todos los tiempos.
Twitter:@aguerraguerra

viernes, 6 de octubre de 2017

Unha vergoña!



Manuel Monge

Vergoña. Así definían traballadoras e traballadores de TVE a información difundida pola cadea pública o 1-O, día do referendo en Cataluña. Concentráronse na redacción levantando uns cartaces que dicían: “Vergüenza, Vergonya”. Pola súa parte, o Consello de Informativos, formado por profesionais da casa, pedía o cese da dirección porque fixo “todo los posible por difundir una visión parcial y sesgada de los hechos”, convertendo a TVE nunha oficina de comunicación do PP.
Vergoña, violencia e feridos, iso é o que recollían as portadas de moitos medios de comunicación a nivel internacional. A CNN abría con “A vergoña de Europa” (The shame of Europe). O escocés The National “O día da vergoña de España” (Spain´s day of shame). Libération fala de “O golpe de fuerza”. Metro de “Forza bruta”. The Financial Times de “centos de feridos” e The Times di que “a Policía disparou pelotas de gomas contra electores” que, por certo, están prohibidas en Cataluña desde abril de 2014. Un editorial de New York Times criticaba a intervención policial e chamaba a Rajoy “matón intransixente”. As imaxes difundidas e as portadas non axudan moito a difundir a chamada Marca España.
Unha vergoña cualificar como “exemplar” a actuación da Policía Nacional e da Garda Civil despois de provocar máis de 850 feridos e que o vicesecretario xeral de Organización do PP, Fernando Martínez Maíllo, pretenda negar a realidade, manifestando sobre o balance dos feridos que “todo es una farsa, una gran mentira”.
Unha vergoña que algunhas das persoas participantes na represión saquen unha foto de familia, satisfeitos do “traballo” realizado e como se non pasase nada, diante do “barco “Piolín” no que están aloxados.
Unha vergoña que se impida saír dun recinto municipal a cargos públicos dunha reunión en Zaragoza convocada por Podemos, despois dunha concentración convocada, entre outros, por axentes das Forzas de Seguridade, e na que participou o responsábel de Organización do PP de Zaragoza.
Unha vergoña que se despida desde distintas cidades a esas Forzas de Seguridade enviadas a Cataluña  cantando “A por ellos, oe!” e que aínda non fose cesado o portavoz do PP no concello de Gibraleón (Huelva) que desexaba ver á Policía  “repartiendo hostias como panes” en Cataluña.
Unha vergoña que se queira desprestixiar aos Mossos, policía catalá, por non cargar contra as persoas que acudían pacificamente a votar.
Unha vergoña que o xefe dos Mossos  sexa acusado de sedición, con ameazas de pena de prisión de até 15 anos (lembremos que en 1936 os militares que defendían a democracia e a República eran acusados de rebelión militar polos propios golpistas e fusilados).
Unha vergoña que se ameace con multas de até 300.000 euros ás miles de persoas que participaron nas mesas electorais.
Unha vergoña que se queira trasladar á opinión pública que as 2,25 millóns de persoas que votaron o 1-O eran só independentistas ou que esa era unha mobilización independentista.
Unha vergoña que, para desprestixiar unha gran mobilización cívica da mocidade, se poña o acento na participación de “menores” na manifestación de 30.000 estudantes de secundaria, bacharelato e universidade, cando nos últimos anos celebráronse miles de manifestacións de estudantes coa participación de menores de 18 anos e ninguén dixo nada.
Unha vergoña que, cando familias enteiras, pais, fillos e avós participan nas mobilizacións convocadas, entre outras, polas asociacións de nais e pais do alumnado para defender as urnas e o dereito a votar, sexan acusados de secuestrar os fillos e de utilizalos como reféns.
Unha vergoña que se difunda que a folga xeral ou paro de país do 3 de outubro fora promovido polo govern e independentistas e que só participaron independentistas, cando foi convocado, entre outros  pola Taula per la Democrácia, que agrupa a 42 entidades, entre elas: sindicatos como UGT, CCOO, USO, Intersindical, Unión de Pagesos, Sindicat de Periodistes de Catalunya; varias organizacións empresariais; Federació D'Assemblees de Pares i Mares de Catalunya, Federació d´Associacións Veïnals de Catalunya, Unió de Federacións Sportives de Catalunya, ANC, Ómnium Cultural etc. Esta plataforma cívica reivindica “o dereito a decidir o seu futuro político do pobo de Catalunya”.
Unha vergoña que Rafael Hernando acuse a Puigdemont, presidente da Generalitat,  de se agachar tras “turbas violentas”.
Unha vergoña que no se informe á cidadanía que a petición de referendo pactado, para que tivese todas as garantías e recoñecemento internacional, foi rexeitado no Congreso case vinte veces nos últimos anos.
Unha vergoña a actuación da Xustiza, claramente partidista. O Tribunal Constitucional considera ilegal o procedemento de lectura única na tramitación e aprobación das leis de referendo e a de transitoriedade xurídica, que está contemplado en varias comunidades autónomas e ese mesmo procedemento permitiu que o Congreso aprobase, entre outras, a Lei de abdicación do rei Juan Carlos, a reforma da Lei do Tribunal Constitucional ou do artigo 135 da Constitución.
Unha vergoña que a Fiscalía considere que a actuación da Policía Nacional e da Garda Civil “en absoluto afectaron a la normal convivencia ciudadana” e que os corpos policiais actuasen en “legítima defensa” fronte ás “actuaciones de individuos no identificados, por el momento, que “actuaron violentamente contra los agentes, cometiendo presuntos delitos de atentado y resistencia”.
Unha vergoña que Rafael Hernando manifeste que “ERC, la CUP y alguna otra formación quieren que haya muertos en Cataluña” e acuse a Puigdemont e Junqueras de facer unha “política de corte nazi”.
Unha vergoña que significados militantes do PSOE, como Alfonso Gurra, cualifiquen a mobilización cívica de millóns de persoas como “movimiento prefascista” e que manifeste que nas escolas cataláns ensinan “el odio a España”.
Unha vergoña a mensaxe do rei Felipe VI –o mesmo día que centos de miles de persoas saían á rúa para denunciar a represión do 1-O, ordenada polo goberno de Rajoy– que tivo un contido partidista, ignorando ás vítimas da violencia policial e pechando toda saída pactada e pacífica a un grave conflito político, apostando unicamente pola vía da imposición e da represión, sen ter para nada en conta a opinión da cidadanía.
Unha vergoña que non se fale para nada que a pregunta do referendo incluía un pronunciamento sobre a República. Por que non se fai ningunha enquisa para preguntar en Cataluña e en todo o Estado se a xente quere Monarquía ou República?
Unha vergoña que en 2017 se queira solucionar un problema político con cargas policiais, ameazas e multas, como hai 50 anos, en plena represión franquista.

Fonte: Praza.gal

*Manuel Monge.- Exerceu como profesor de ensino medio. Foi concelleiro do BNG na Coruña do 2003 ao 2007, foi presidente da Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica da Coruña. Colabora con artigos de opinión en diversos medios de comunicación.