miércoles, 2 de mayo de 2018

El Imperio vuelve sus ojos hacia Nicaragua - ¡Otra vez!

Foto de Jakob Christensen

Por Daniel Kovalik
Counterpunch, 25 Abril 2018
Traducción de Senén.

Era solo cuestión de tiempo que el gobierno de los Estados Unidos y sus medios obedientes volvieran a poner a Nicaragua en su punto de mira. Y el momento ha llegado.

El año pasado, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos votó por unanimidad a favor de la
Nicaraguan Investment Conditionality Act of 2017 (Ley de Condicionalidad de la Inversión en Nicaragua de 2017, o Ley NICA) que eliminaría a ese país, que ya era pobre, de los préstamos ofrecidos por las instituciones financieras internacionales.

Citando a Alliance for Global Justice , Telesur informó en ese momento que "el gobierno nicaragüense utiliza la asistencia extranjera de las instituciones financieras internacionales para apoyar el gasto social en salud y educación, que se ha convertido en una proporción cada vez mayor del presupuesto nacional". Telesur explicó que la Ley NICA por lo tanto "representa un grave peligro para la economía de la nación centroamericana y podría dar lugar a una crisis humanitaria y a oleadas de refugiados económicos que huirían hacia la frontera con Estados Unidos, uniéndose a las oleadas de migrantes de Honduras, Guatemala y El Salvador ."

En la actualidad, Nicaragua es el único país víctima de las guerras centroamericanas respaldadas por los EE. UU. que no es también una fuente de inmigrantes a los EE. UU. Esto se debe en gran parte a los efectivos programas sociales de los sandinistas. En lo referente a los programas sociales del FSLN, incluso el New York Times reconoció que "muchas personas pobres que reciben vivienda y otros beneficios del gobierno apoyan" al presidente sandinista, Daniel Ortega.

Increíblemente, al mismo tiempo que Estados Unidos se prepara para construir un muro para mantener alejados a los migrantes centroamericanos y mexicanos, está a punto de exacerbar el problema de migración que dice querer detener. Esto simplemente desafía toda lógica y cualquier noción de moralidad y decencia.

Como Noam Chomsky ha opinado en numerosas ocasiones, Estados Unidos nunca perdonará al pueblo nicaragüense por haber derrocado en 1979 a la dictadura de Somoza,  respaldada por Estados Unidos; por haber derrotado también militarmente a los Contras; y por haber vuelto a votar a los sandinistas en 2007.  La Ley NICA es  la retribución por tales crímenes.

Pero de momento la Ley NICA no mostraba movimiento aparente en el Senado de los EE. UU. y parecía ser letra muerta. Y es así que, justo a tiempo, presenciamos violentas protestas en Nicaragua que se parecen mucho a las guarimbas violentas que han plagado Venezuela desde que Nicolás Maduro fue elegido en 2013. Estas manifestaciones seguramente serán usadas como pretexto para revivir la Ley NICA en el Senado de los Estados Unidos.

Hay una serie de cosas curiosas en lo que se refiere a las protestas en Nicaragua. Primero, aunque la prensa dominante ha explicado estas protestas como una respuesta a una "revisión de la seguridad social" anunciada por el gobierno, fueron en su mayoría estudiantes y otros jóvenes quienes quienes se han manifestado, y no aquellos directamente afectados por los recortes anunciados. Y, aunque en respuesta a las protestas el gobierno se retractó de los recortes de seguridad social previamente anunciados, el New York Times declaró con júbilo que esto probablemente no detendría las protestas.

Además, debe señalarse que los recortes propuestos a la seguridad social que proporcionaron el ímpetu para las protestas fueron necesarios en gran medida por la aprobación de la Ley NICA en la Cámara de Representantes, que, como señaló Telesur, "ya ha enfriado la inversión directa en la economía nicaragüense, teniendo un efecto en cadena sobre la actividad crediticia local y las inversiones privadas”. Por supuesto, todo esto planificado.

Varios medios de comunicación alternativos de habla hispana, incluida la publicación en línea Mision Verdad, han detallado varias formas en que las manifestaciones violentas en Nicaragua se parecen a las organizadas por la derecha en Venezuela. Estas incluyen (1) el uso por los manifestantes de "armas artesanales", como morteros y cohetes, diseñadas para hacer borrosa "la línea entre la protesta pacífica y las tácticas de subversión y guerra urbana", y así provocar una respuesta del gobierno que podría ser etiquetada  como "violación de los derechos humanos"; (2) intentos de culpar falsamente al gobierno por el uso de armas químicas (una  forma, ya probada, para provocar la intervención extranjera); (3) la inflación del número de muertos en los enfrentamientos, combinada con la minimización de las muertes de las fuerzas de seguridad del estado; (4) saqueo de propiedad privada y pública, incluidos los monumentos a los líderes revolucionarios de izquierda como Hugo Chávez; (5) el uso de francotiradores; y (6) el apoyo de la Iglesia Católica y de varias ONG para las actividades antigubernamentales.
 
No es sorprendente que la National Endowment for Democracy* (NED) de la era de la Guerra Fría haya estado otorgando fondos sustanciales a grupos nicaragüenses  aparentemente para avivar precisamente los tipos de acciones antigubernamentales que están teniendo lugar en este momento. Por ejemplo, en 2017  la NED entregó 72,440 dólares a la Comisión Permanente de Derechos Humanos de Nicaragua (CPDHN) para el monitoreo de "derechos humanos". Y curiosamente, CPDHN es una fuente clave en la que la prensa occidental ha confiado para obtener información sesgada sobre las protestas actuales y la respuesta del gobierno a ellas.
La NED también ha estado dando dinero sustancial a grupos de jóvenes y estudiantes en Nicaragua, grupos que ahora son la fuente principal de la agitación actual. Además, la NED ha apoyado a los medios de comunicación "independientes" (es decir, antigubernamentales) y a otros grupos de la sociedad civil con el propósito de "crear conciencia" sobre cómo el gobierno de Nicaragua presuntamente los está reprimiendo. En total, el año pasado, el NED dio más de un millón de dólares en ayuda a grupos de la sociedad civil con el propósito de avivar los conflictos sociales en Nicaragua.

Durante la década de 1980, Nicaragua, un pequeño país que sigue siendo el segundo más pobre del Hemisferio, inspiró a muchos de nosotros, incluido yo mismo, con su heroica resistencia a la violenta agresión estadounidense. Nicaragua ha seguido siendo un símbolo de oposición al imperialismo estadounidense, y eso ha irritado a los poderes fácticos de este país, en particular a neoconservadores como el actual asesor de seguridad nacional, John Bolton.

Debemos apoyar a Nicaragua ahora, como muchos de nosotros lo hicimos antes, oponiéndonos a las continuas hostilidades de EE. UU. en la forma de la Ley NICA y en la de la injerencia en los asuntos internos nicaragüenses. Nicaragua merece tal solidaridad.


Daniel Kovalik vive en Pittsburgh y enseña International Human Rights Law (Leyes Internacionales de Derechos Humanos) en la Facultad de Derecho de la Universidad de Pittsburgh.

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