lunes, 15 de julio de 2019

Desconfianza contagiosa

 
Que cómo me siento con la que está cayendo? Bueno, pues trataré de aproximarme, querida amiga. Y digo aproximarme porque, no sé si a ti te pasa, pero a mí me sucede con frecuencia que no se describir cómo realmente me siento cuando es muy difícil saber lo que pasa, porque todo el mundo miente, disimula, finge, se oculta o trata de engañar y a toda esta mierda le llaman "hacer política".
En las elecciones generales, querida, las izquierdas han superado a las derechas en votos y en escaños. Más en escaños que en votos. Por ello las izquierdas son las llamadas a formar gobierno. El voto de izquierdas tiene dos grandes referencias: el PSOE, mayoritario, y Unidas Podemos y sus confluencias, minoritarios. Lo natural sería pues el acuerdo para gobernar, pero esto se hace difícil por la desconfianza mutua entre los dos polos. Desconfianza sobre todo política, porque creo que los recelos personales que pudiera haber no son determinantes. El PSOE desconfía de UP y viceversa. Los socialistas temen que los de Podemos no les dejen gobernar cómodamente y emerja un debate o confrontación en el Gobierno que ponga de manifiesto ante su electorado la subordinación tradicional del PSOE al llamado sistema, es decir a los poderes fácticos. El PSOE, en este caso, no podría disimular o blanquear su subordinación al capital financiero y perdería electorado progresista y de izquierdas o el apoyo y consideración del llamado poder real o, lo que sería peor, las dos cosas. También el PSOE teme que se produzca una diferencia profunda en el tratamiento futuro del llamado conflicto catalán, que mejor debería considerarse como una parte muy importante del problema español. Diferencia que podría hacer saltar por los aires el statu quo tras la sentencia del procés. También en el PSOE se trata de soslayar, sin que se desmanden a aquellos militantes y votantes que gritaron "Con Rivera, no" y por ello se simula la búsqueda de un acuerdo con Podemos sin negociar nada en realidad, porque la socialdemocracia española real, y puede que mayoritaria en el partido, sigue prefiriendo a Rivera, o incluso a Casado, antes que a cualquier formación a su izquierda. Son las desconfianzas y temores propios de esa socialdemocracia europea que la lúcida filósofa italiana Donatella Di Cesare describe como la sirvienta o criada "que sigue la agenda del capital, que ejecuta los deseos del mercado".
Podemos, por su parte, no se fía un pelo del PSOE porque teme que los acuerdos programáticos más substanciales se queden otra vez en el papel, sirviendo solo para engañar al respetable, sobre todo los que afectan a las cosas de comer: a la regulación de los mercados o al mínimo embride del capital. Por eso Podemos quiere estar en el Consejo de Ministros, que es donde cree que se corta el bacalao político, y teme que en cualquier otro lugar de la administración pueda ser fácilmente burlado. Podemos piensa que un acuerdo sin poder real lo puede llevar a pagar todos los platos rotos de la frustración y desencanto que se producirá y que esto hará que pierda apoyos a favor de un socio de gobierno, bien dispuesto a engullirlo. La desconfianza de Podemos lo lleva a buscar el mayor grado posible de control sobre el Gobierno y sobre los propios acuerdos, consciente de que en un acuerdo, a menos control más incumplimiento, y que esto siempre le saldrá más caro a los de Pablo que a los de Pedro.
En este clima de desconfianza nada bueno puede augurarse, aun en el caso de que pacten un gobierno. Recuerda aquel bipartito de izquierdas en Galicia que, al final, trabajó para la derecha. Por eso no sé muy bien lo que siento, pero tampoco me fío nada. La desconfianza, querida, siempre es contagiosa.

Un beso. 

Andrés

Fuente: La Opinión 
12.07.2019 

miércoles, 10 de julio de 2019

El papel del feminismo en los procesos constituyentes y en el cambio social

Beatriz Gimeno.-El martes pasado ofrecí una charla en los cursos de El Escorial. Me basé mucho en un artículo de Aurora Turmeda. Tengo un artículo muy parecido pero me pareció que ella hacía un mejor resumen.
Aprovecho la ocasión para publicar este artículo que es un capítulo de un libro que finalmente (otra vez) no se va a publicar y que incide en el mismo tema.

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“Cuando hablamos de procesos constituyentes en el momento actual no podemos olvidarnos del feminismo como uno de los actores políticos fundamentales sin el cual no se va a poder definir ningún marco de convivencia en el futuro, sin el cual ya no es posible entender la noción de ciudadanía.   Porque en un momento en el que el régimen neoliberal está vaciando de contenido la noción de ciudadanía tal como se ha construido en los países occidentales desde el siglo XVIII, es decir, vinculada a ciertos derechos sociales que se entendían como base de la democracia política, tenemos que ser capaces de reconstruir dicho estatus superando las exclusiones sobre las que nació. Porque la ciudadanía, tal y como la hemos entendido hasta el momento, ha sido siempre masculina como el feminismo ha explicado y demostrado hasta la saciedad.
Fue Carole Pateman quien en 1988 publica un libro fundamental para el feminismo, Contrato sexual, en el que demuestra como el contrato original (metafórico) que es la base de las constituciones surgidas en el siglo XVIII tiene tres dimensiones básicas: el contrato social (el que conocemos como la base del contractualismoconstitucional), el contrato racial y el contrato sexual. Estas tres dimensiones, las dos últimas invisibilizadas, conforman lo que ella llama el “contrato de dominación”  consagrado enseguida por el constitucionalismo hegemónico que desde ese momento sienta las bases de la dominación colonial y de la dominación sexual sobre lasque se levantará la democracia liberal.
La historia del constitucionalismo demuestra que los teóricos cuyas tesis se impusieron (Hobbes, Locke, Bodino y sobre todo Rousseau) excluyeron de las primeras constituciones a las mujeres. Así, fue posible que mientras los primeros revolucionarios se nombraban a sí mismos como libres e iguales, nombraban (heterodesignaban en terminología de Amelia Valcarcel) a las mujeres como subordinadas sin derechos. Las mujeres participaron activamente en la Revolución francesa, en los Cuadernos de Quejas, en la Marcha a Versalles, en la fundación de clubs de mujeres republicanas; por la calle, los hombres y las mujeres se saludaban como “ciudadano y ciudadana”, pero pronto ellas se habrían de dar cuenta de que la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano las excluía precisamente de aquello que  se proclamaba como universal: los derechos, la igualdad, la ciudadanía.
Y no se puede aducir que esta exclusión fuera un producto esperable de la época, que por entonces resultara impensable que las mujeres entraran en el Parlamento constituyente. Por el contrario, la exclusión no fue pacífica y hubo resistencia, tanto de las propias mujeres como de algunos varones que comprendieron la paradoja de esa falsa universalidad de los derechos que estaban proclamando. El Marqués de Condorcet, por ejemplo, llevó al parlamento jacobino dos peticiones: el derecho de las niñas a recibir una educación igualitaria y el derecho de ciudadanía para las mujeres; las dos fueron rechazadas. Es decir, se excluyó a las mujeres de la naciente ciudadanía porque así lo decidieron los revolucionarios.
Las mujeres se organizaron, se nombraron a sí mismas como el tercer estado del tercer estado y reclamaron sus derechos.  Olimpe de Gouges redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana y esto le costó la cabeza. Y a partir de ese momento los revolucionarios desataron una ofensiva para justificar ideológicamente que cuando decían igualdad, libertad o derechos…se referían únicamente a la mitad de la población; que cuando decían “derechos universales” eran derechos de sólo esa mitad a la que el androcentrismo permite identificar con la humanidad al completo. La contraofensiva ideológica, fuertemente patriarcal,  que siguió a la revolución francesa y a las aspiraciones de las mujeres dio lugar al modelo de mujer que los revolucionarios consideraron adecuado para el nuevo tiempo, la Sofía de Rousseau, la mujer-madre cuyo único objetivo en la vida sería agradar a los hombresy criar a sus hijos. Algo similar ocurrió al otro lado del Atlántico, en la Constitución de los EE.UU en la queademás del contrato sexual existe un claro y explícito contrato racial, ese del que hablaba Pateman. Pero en 1848, en Seneca Falls, las mujeres feministas, firman una declaración que contesta a la Constitución de 1776 a la manera en que la Declaración de la Mujer y la Ciudadana redactada por Olimpe de Gouges contestaba a la Declaración del Hombre y el Ciudadano, y que fue el germen del sufragismo norteamericano y de la Primera Ola del Movimiento Feminista en los EE.UU.
Desde esos orígenes, dos siglos después y en una situación  que pareciera completamente diferente, la Constitución española de 1978 proclama una ciudadanía que sólo puede encarnarse en un sujeto masculino, invisibilizando e ignorando a las mujeres.  Nace de siete padres y de ninguna madre, un déficit democrático que sólo las feministas cuestionaron entonces y siguen cuestionando hoy. Y de la misma manera que las mujeres ofrecieron resistencia a ser excluidas de los primeros pactos constituyentes, también en España un pujante movimiento feminista, en lucha por los derechos más básicos de las mujeres, hizo propuestas constitucionales que fueron en aquel momento completamente ignoradas.Y ahora que el concepto de ciudadanía democrática está siendo atacado y vaciado de contenido por el neoliberalismo, es el feminismo el que se está convirtiendo, en todo el mundo, en la verdadera resistencia a dicho régimen. Por una parte porque la protección social que fueron construyendo los estados del bienestar y que es básica para que una democracia sea digna de ese nombre, era también garantía para que las mujeres pudieran incorporarse al espacio público, una batalla en la que llevaban décadas empeñadas. Y por otra, porque en este momento concreto, en el que la izquierda no parece capaz más que de ofrecer políticas reactivas y de contención de daños, sólo el feminismo ofrece un universo alternativo, un completo cambio de paradigma que desafía no sólo las políticas sociales y económicas propias del neoliberalismo, sino también su mentalidad, su corpus ideológico. Y eso tiene que reflejarse en cualquier constitución o en cualquier pacto social que se proponga. De hecho, es el feminismo el que exige un nuevo pacto social que sea también un nuevo pacto sexual, porque el que alumbró la Constitución de 1978 está muerto. Necesitamos otro contrato con el que poder renegociar el poder, el contenido de lo que ha de ser la ciudadanía y las relaciones entre ambos.
Y esta revisión debería partir de lo que a estas alturas debería ser un presupuesto incuestionable: la incorporación de las mujeres, con reconocimiento y autoridad, como poder constituyente. Se trata de que se nos reconozca como sujeto político con poder para redefinir tanto el antiguo contrato sexual, lo que Celia Amorós llamó “pactos juramentados entre varones”, como el nuevo pacto social. El feminismo ha puesto en evidencia repetidamente la falacia de un discurso que pretende la neutralidad y abstracción en la construcción del sujeto. La historia del constitucionalismo es también la historia de unos sujetos que se (auto)declaran autónomos y con derechos frente a otros que son heterónomos y a los que se conceden, y en este último grupo siempre han estado las mujeres. El reconocimiento de las mujeres como sujetos políticos con plena autonomía para autonombrarse y gobernarse es un requisito fundamental de cualquier intento constituyente y significa que cualquier proyecto en este sentido tiene que contar con las aportaciones del feminismo organizado como un actor fundamental. Hay ejemplos de sobra. En los últimos 20 años, sobre todo en Latinoamérica, han comenzado a aparecer constituciones  que reconocen a las mujeres poder constituyente y que se han redactado con su plena participación y con perspectiva de género. Varios países lo han hecho a través de Asambleas Constituyentes que han incorporado la participación de mujeres y de organizaciones de mujeres que acompañadas por organizaciones y movimientos sociales, así como de expertas nacionales e internacionales, han logrado traducir al lenguaje constitucional los derechos que el feminismo reclama. Estos van más allá de la igualdad jurídica, desde luego, y más allá también del reconocimiento formal de derechos específicos de las mujeres; buscan comprometer la acción del Estado para generar condiciones que permitan la igualdad efectiva. En la Constitución española el único artículo que habla de las mujeres es el artículo 14 que se limita a reflejar una igualdad formal que no recogela realidad de nuestras vidas, de nuestras subjetividades y de nuestros cuerpos.
Yendo a lo concreto, una nueva constitución tendría que estar redactada en lenguaje inclusivo y contar con perspectiva de género en todo su articulado,  y eso significa que reconocería la necesidad de que todas las políticas públicas incorporen dicha perspectiva; eso significa también reconocer las desigualdades estructurales en cualquier ámbito de la realidad social, pero especialmente en el mercado laboral, y las consecuencias que dicha desigualdad tiene para las mujeres. Algunas cuestiones básicas deberían estar reseñadas explícitamente en forma de derechos subjetivos como, por ejemplo, el reconocimiento constitucional del derecho a igual remuneración entre mujeres y hombres por igual trabajo realizado. Por lo mismo, la constitución tiene que incorporar la idea de que la ciudadanía está compuesta a mitad entre hombres y mujeres y que esto tiene que tener un reflejo en las instituciones políticas y sociales. Nosotras somos también la humanidad completa y no somos un grupo particular, por lo que es necesario que se reconozca como un principio constitucional la paridad en las instituciones políticas. Desde luego una constitución feminista tiene que reconocer de manera indubitada los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, que no son otra cosa que el derecho a nuestro propio cuerpo y a nuestra subjetividad. Que hace poco tiempo fuera posibleque Gallardón presentara una contrarreforma al derecho al aborto sirvió para poner de manifiesto la fragilidad de nuestras conquistas jurídicas. Una ley llevada adelante por un solo partido con mayoría absoluta, en contra de la mayoría de la población incluso, nos pudo hacerretroceder décadas y volver convertir en menores de edad.El feminismo lo frenó, pero nada impide que nos volvamos a encontrar en una situación semejante. El derecho al aborto es un derecho fundamental para las mujeres, y el interés del patriarcado y del capitalismo en controlar  (y en hacer negocio sobre) los cuerpos de las mujeres está fuera de duda. También es necesario reconocer el derecho a una vida libre de violencia (física, psicológica, moral y sexual- tanto en el ámbito público como privado) y a la integridad personal. Porque la incidencia de la violencia de género hace que realmentelas mujeres no tengan ese derecho reconocido y que nuestras vidas sigan estando amenazadas por índices de violencia insoportables. Reconocer ese derecho significa asumir que el Estado tiene que adoptar todas las medidas necesarias para prevenir, eliminar y sancionar toda forma de violencia de género.
Pero, más allá de los derechos concretos lo que es muy importante es propiciar, desde los derechos constitucionales, un cambio de modelo social que es, en definitiva, lo que también pretende, y ofrece, el feminismo. Para ello es imprescindible trabajar para modificar la división sexual del trabajo reconociendo el derecho (y la obligación) a la corresponsabilidad en las obligaciones familiares. Esto pasaría por reconocer la función social de la reproducción humana y el interés público que reviste. Y pasa también, de manera ineludible,por reconocer el derecho subjetivo que toda persona tiene a ser cuidada, desde su nacimiento hasta su muerte. El Estado tiene la obligación de proveer los medios que lo posibiliten sin olvidarse de garantizar que cuando este cuidado sea en el ámbito privado debe hacerse en condiciones de igualdad entre mujeres y hombres.
En definitiva, cualquier cambio constitucional, cualquier cambio en el contrato social, además de derechos concretos, algunos de los cuales ya hemos mencionado, tiene que visibilizar también la certeza deque la vida está hecha de interconexiones y dependencias y en consonancia plantear un modelo completamente distinto al modelo neoliberal que nos ahoga; un modelo cooperativo, solidario y comunitario que sea, en sí mismo, palanca de transformación social y posibilidad de una vida distinta, y eso a día de hoy, sólo puede hacerlo el feminismo.

Fuente:beatrizgimeno.es

martes, 9 de julio de 2019

El feminismo y la extrema derecha

Beatriz Gimeno.- Está que claro que el feminismo se ha convertido en uno de los principales enemigos de la extrema derecha en todo el mundo. De hecho, no es exagerado afirmar que existe una internacional antifeminista que se articula alrededor de la lucha contra el derecho al aborto en todo el mundo. Se trata de una internacional reaccionaria que es un conglomerado de iglesias evangélicas, extrema derecha política- económica y trumpismo y que regada de dólares envía “misioneros” a los países africanos o latinoamericanos más pobres, mientras que en los países del tercio rico se articula alrededor de fundaciones de extrema derecha que construyen pensamiento y argumentos para combatir los avances feministas. La articulación alrededor de la lucha contra el aborto tiene que ver con que este es el derecho alrededor del cual, en la actualidad, se configura también una parte muy importante de la lucha feminista; que simboliza el derecho al propio cuerpo y la lucha contra el “derecho del padre” como núcleo de la ideología patriarcal; pero es también una lucha de clases, las ricas siempre han podido abortar en todos los países y jamás una mujer rica ha ido a la cárcel o ha sido imputada por aborto. Este se utiliza como un instrumento de represión y control de las mujeres más pobres.  Pero  no es el aborto en sí, como tal intervención, lo que preocupa a las derechas, sino los significados igualitarios -simbólicos y materiales- que esta lucha vehicula socialmente y su relación con el feminismo. Porque el feminismo plantea un modelo de sociedad antineoliberal incompatible con un proyecto de derechas.
La desigualdad de género es la madre de todas las desigualdades, como bien han explicado las antropólogas e historiadoras feministas; todas las desigualdades, la de raza, etnia o la desigualdad económica, penden de esta. Todas las desigualdades aprenden de la desigualdad de género la importancia de la socialización para construir desigualdad consentida, entretejida de resistencias y complicidades: todas las desigualdades, al fin, se retroalimentan unas a otras.
En los últimos decenios, al tiempo que las mujeres organizadas reclaman y van consiguiendo avances hacia la igualdad formal, el capitalismo en su fase neoliberal lleva al límite la división sexual del trabajo. Por un lado, los avances en libertades sexuales, las mujeres incorporándose al mercado laboral, los divorcios y la baja natalidad han puesto en crisis la familia tradicional. Al mismo tiempo, la búsqueda del beneficio y el ataque a lo público está acabando con los servicios públicos universales o los está privatizando rápidamente, lo que unido a lo anterior ha generado una crisis de cuidados sin parangón: alguien tiene que ocuparse de las necesidades básicas de los trabajadores, del cuidado de enfermos, ancianos/as, niños y niñas y personas dependientes. El sistema necesita reforzar la división sexual del trabajo, el sistema necesita que las mujeres vuelvan a hacer ese trabajo de manera gratuita o de lo contrario, si nadie lo hiciera, terminaría por explotar.
En realidad, la extrema derecha tiene como principal objetivo revertir cualquier política socialdemócrata, privatizarlo todo y aumentar las tasas de ganancia del capital, lo que hace utilizando una retórica fascista en la que las feministas son el nuevo chivo expiatorio de grandes masas de población desposeídas. Esa retórica antifeminista es el reconocimiento que los hombres desposeídos y explotados necesitan para no revolverse contra los explotadores; el trabajo gratuito de las mujeres es el bienestar mínimo necesario para estar cada mañana a la misma hora dispuestos al trabajo sin nada que impida la entrega absoluta de esas horas. El capitalismo en su origen expropió a los hombres del fruto de su trabajo, pero a cambio convirtió a cada uno de ellos en dueño del trabajo y del cuerpo de una o varias mujeres. Como señaló acertadamente Engels cualquier hombre por pobre que fuera tenía en su casa a alguien más pobre que él mismo: su mujer. No debemos subestimar el poder de una construcción subjetiva que convierte automáticamente a la mitad de la población en superior a la otra mitad. Cualquier hombre, por pequeño que sea, puede verse el doble de grande en el espejo de las mujeres.
La lucha de las mujeres, además de poner en cuestión el orden patriarcal, también cuestiona el orden neoliberal. El estado del bienestar ofreció un refugio temporal a las mujeres y por eso la igualdad de género está más desarrollada allí donde ha existido un estado que ha socializado algunas cargas familiares. La ruptura neoliberal de este orden implica la necesidad del refuerzo del orden patriarcal y de eso se encarga la ideología de extrema derecha: de reforzar la subjetividad masculina hegemónica, de tratar de minimizar las protestas, de negar y criminalizar la igualdad en cualquiera de sus formas, de reforzar un ideario conservador basado en la familia tradicional. De regresar a este estado de cosas se está encargando la extrema derecha en todo el mundo, mientras que el liberalismo por el contrario defiende una sociedad basada en la falsa meritocracia en la que, aparentemente, el sexo no sea un impedimento para ocupar las posiciones dominantes dentro de la propia clase social.
Si la extrema derecha ha escogido como enemigo a batir al feminismo es porque el proyecto de sociedad que plantea este es lo más alejado del proyecto que defiende la extrema derecha, que no es más que retórica populista disfrazando los intereses de las élites.  El feminismo defiende una sociedad del buen vivir, que socialice el trabajo reproductivo, el cuidado de las personas, y reparta los trabajos y los recursos. Una sociedad en la que todas las vidas valgan lo mismo y todas tengan la posibilidad de vivirse plenamente desde el nacimiento hasta la tumba. Y este proyecto es incompatible con la sociedad desigual, supremacista y racista que ofrece la extrema derecha. Y por eso combatir el crecimiento del sentido común feminista es uno de los principales objetivos de la extrema derecha y lo va a hacer combatiendo no sólo las teorías económicas relacionadas con la sociedad del bienestar, sino más bien combatiendo todo lo que pueda significar debilitamiento del patriarcado, esto es, banalizando la violencia de género y sexual porque estas son unas poderosas herramientas de control social; negando la  desigualdad económica y la brecha salarial porque eso empujará a las mujeres a volver a los roles tradicionales, caricaturizando el feminismo como una lucha que busca erosionar a los hombres y, sobre todo, combatiendo cualquier legislación que suponga que las mujeres se hacen dueñas del proceso reproductivo, desde siempre controlado patriarcalmente, y de ahí su empeño en la lucha contra el aborto. 

Fuente: lapenultima

Beatriz Gimeno Reinoso ​ es una política y activista española en favor de los derechos LGBT. Desde junio de 2015 es diputada por Podemos de la X Legislatura de la Asamblea de Madrid​ y responsable del área de igualdad de Podemos en la Comunidad de Madrid

domingo, 7 de julio de 2019

Sánchez coquetea con el abismo

CTXT , 3 DE JULIO DE 2019
Pedro Sánchez llamó durante la campaña electoral a la unidad de la izquierda para hacer frente a la extrema derecha, luchar contra la desigualdad y recuperar derechos sociales. En los debates se comportó como un colega de Pablo Iglesias, aunque por encima de él. Negó que fuese a apoyarse en C’s para formar Gobierno. Y la noche del triunfo hubo de escuchar el grito unánime de la militancia: “Con Rivera, no”. Luego vino la obligación de pasar de las palabras y los gestos a los hechos. Y dos meses después, aquí estamos, coqueteando de nuevo, de forma pugnaz e irresponsable, con el abismo de la repetición electoral. Sánchez ha pasado de no escuchar el “con Rivera, no” a no querer escuchar los reiterados noes de Rivera. 
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? El socio natural del PSOE, Unidas Podemos, exige estar en el Gobierno, cosa habitual en cualquier democracia europea sin mayorías absolutas. Pero Sánchez no ha ofrecido más que un gobierno de cooperación, mientras otros dirigentes del PSOE tiran de excusas y de trucos. El más recurrente es el de los sillones: decir que Podemos, a diferencia de todos los demás partidos, es lo único que busca. Otro es anunciar que o Podemos traga con lo que se le dice o habrá nuevas elecciones. Verdad o mentira, basta con que los medios poderosos lo repitan para que el mensaje cale.
Iglesias de momento resiste, así que le atacan por la retaguardia. En este caso, vía Ciudadanos. El objetivo: forzar a Rivera a que se abstenga para investir a Sánchez renunciando al apoyo de los 42 diputados y 3,7 millones de votos de Unidas Podemos. Por supuesto, la trampa incluye no decir nada del fraude a los 7,5 millones de votantes del PSOE que escucharon cómo en la campaña Sánchez denostaba a Rivera, incluyéndolo en el Trifachito. Y tampoco se habla de que eso supondría renunciar, al menos en buena parte, a una política de recuperación de derechos y reducción de las desigualdades, reclamada por al menos once millones de votos. 
A Rivera se le atribuye cambiar de posición según sople el viento, lo cual ha sido verdad hasta no hace mucho. Pero no ahora. Dos meses antes de las elecciones, el Comité Ejecutivo de Ciudadanos aprobó por unanimidad que no pactaría con Sánchez tras las generales. Es llamativo cómo los medios han ensalzado la marcha del diputado y miembro de la ejecutiva Toni Roldán, que votó contra la alianza PSOE-C’s en aquella reunión. Pero basta con no contar ese detalle y magnificar la noticia para que la presión sea efectiva. 
El movimiento al que asistimos estos días parece el enésimo Gatopardo del sistema de poder nacido en 1978. La idea es devolver al PSOE y al PP la influencia perdida desde que en 2011 estalló el 15M. El objetivo es doble: disciplinar a Ciudadanos, hoy desmandado por el exceso de ambición de Rivera, y destruir o anular a Podemos, convirtiéndolo en una IU postmoderna. 
Si Sánchez está dispuesto, como dice, a suscribir un programa de gobierno con Podemos, ¿qué razones le llevan a rechazar la entrada de miembros de la formación morada en el Ejecutivo? El argumento de Iglesias es conocido, porque lo ha dicho él mismo: asegurar que se cumple de verdad ese programa, sin caer en la tentación de ceder ante los poderes económicos, ante los barones propios y ajenos de la vieja política y el poder mediático vinculado a ambos. La razón del rechazo de Sánchez a que Podemos entre en el Consejo de Ministros es un misterio insondable. El líder socialista no la aclara, y en los medios nadie se pregunta por ella. 
La afirmación de que el PSOE quiere gobernar en solitario es un brindis al sol. Al contrario, hay razones que aconsejan que no lo haga. La primera es que no cuenta con diputados suficientes para apoyar su acción de gobierno. La segunda, que si está dispuesto a pactar un programa con Podemos, nada debería impedirle tener cada viernes en la sala donde se ejecuta ese programa a algunos miembros de la formación morada. Ello garantizaría además que Unidas Podemos no se descuelgue en las votaciones del Congreso ante algunas medidas impulsadas por Moncloa/Bruselas. Presentarse a la investidura sin apoyos no hace sino levantar sospechas. ¿Buscan Sánchez y su gurú, Iván Redondo, desembarazarse de Unidas Podemos y llevar a los morados a la situación crítica de votar no para forzar una repetición de elecciones? ¿O tratan solo de dar más tiempo a Ciudadanos para pactar en septiembre con los naranjas? 
Lo cierto es que las presiones que Pedro Sánchez denunció en 2016 nunca han desaparecido. Aunque el programa económico de Podemos no pasa hoy de ser socialdemócrata, y aunque ha prometido lealtad en la cuestión territorial, el veto sigue vigente y todo hace pensar que Sánchez comparecerá a la investidura para perderla. Podemos no frecuenta los círculos del poder económico ni traga a la vieja guardia del 78, pero eso más que un problema debería ser una virtud. El país necesita lo antes posible un gobierno realmente progresista que haga una política laboral, social y económica de izquierdas. Tras ser defenestrado por su propio partido, Sánchez giró a la izquierda y decidió aliarse con Podemos y los nacionalistas en la moción de censura. Lo que exhibió entonces fue arrojo, honestidad y coherencia. Y los electores premiaron esa valentía y la de sus nueve meses de gobierno posteriores. Su experiencia personal debería servirle de modelo ahora, si realmente quiere volver a la Moncloa con un gobierno estable y sin defraudar a millones de votantes progresistas.
Fuente: CTXT

Vergonzoso silencio en torno al calvario de Julian Assange

RAFAEL POCH
3 julio 2019

Los mismos que nos entretuvieron con el gato, el patinete y la suciedad en los pasillos de la embajada, han ignorado voluntariamente el informe del relator de la ONU sobre la tortura sicológica y persecución de nuestro disidente encarcelado número 1

El relator especial del Alto Comisariado para Derechos Humanos de la ONU, el suizo Nils Melzer, logró en mayo obtener permiso para visitar a Julian Assange en la prisión británica de alta seguridad de Belmarsh. Melzer y dos reputados expertos médicos, uno de ellos siquiatra y el otro forense, reconocieron a Assange. El 31 de mayo, hace más de un mes, el relator divulgó las conclusiones del peritaje médico realizado.
Melzer es profesor de derecho internacional en la Universidad de Glasgow y no era en absoluto un admirador del fundador de WikiLeaks. De hecho, solo aceptó la misión que le encomendó la ONU después de que los abogados de Assange y una doctora apelaran en dos ocasiones solicitando un peritaje al Alto Comisariado de la ONU.
“Como la mayor parte del público, yo fue inconscientemente contaminado contra Assange por la incesante campaña de desprestigio durante años orquestada, pero una vez metido en los hechos de este caso lo que encontré me llenó de repulsión e incredulidad”, explica.
“Assange fue sistemáticamente calumniado (como “violador”, “agente ruso”, “hacker” y “narcisista”) para desviar la atención de los crímenes que expuso. Una vez deshumanizado por el aislamiento, el ridículo y la vergüenza, al igual que las brujas que solíamos quemar en la hoguera, era fácil privarlo de sus derechos más fundamentales sin provocar indignación pública en todo el mundo”. Llegamos así al dictamen del equipo de Melzer sobre el trato infligido a Assange. Es inequívoco.
“Durante un periodo de varios años, Assange ha sido expuesto a graves e incrementadas formas de trato o castigo, inhumano o degradante, cuyos efectos cumulativos solo pueden ser descritos como tortura sicológica”, ha escrito Melzer.
“En veinte años de trabajo con víctimas de guerra, violencia y persecución política, nunca me encontré con un grupo de estados democráticos compinchados para aislar, demonizar y abusar deliberadamente a un individuo durante tanto tiempo y con tanta despreocupación por la dignidad humana y la legalidad”.
Nils Melzer envió sus conclusiones en forma de tribuna a los diarios australianos Sydney Morning Herald, Camberra Times y a los habituales anglosajones de Europa y América, Financial Times, The Guardian, The Telegraph, The New York Times, The Washington Post, al semanario Newsweek y otros. Ninguno de ellos publicó una línea. En su día todos ellos nos informaron con detalle de los excrementos de Assange en las paredes de la embajada ecuatoriana en Londres, de su patinete y de su gato. En España los principales medios también ignoraron el asunto por completo. El informe Melzer llegó discretamente a las digitales de El Mundo y La Vanguardia (solo el primero mencionaba la palabra “tortura” en el titular), con cero referencias en los demás. En los últimos treinta días, la prensa establecida española ha mencionado a Assange lo menos posible.
En todo el mundo occidental los medios de comunicación participan voluntariamente, vía el silencio y la denigración, en esa “persecución colectiva” denunciada por el relator de la ONU y cuyo principal motor se encuentra en el Pentágono, según fuentes de la administración Obama en declaraciones al abogado Geoffrey Robertson.
En la última cumbre del G-20, el primer ministro australiano (Assange es australiano), el conservador Scott Morrison, no mencionó el caso Assange en su entrevista con Donald Trump, manteniendo así la línea de su predecesora laborista, Julia Guillard. El Ministro de exteriores británico, Jeremy Hunt, ha definido el silenciado informe de los expertos de la ONU en tortura como “acusaciones inflamatorias”.
Julian Assange es el disidente encarceladonúmero 1 de Occidente, como Edward Snowden es el exiliado número 1. Actualmente Assange está pendiente de ser extraditado por el Reino Unido a Estados Unidos  donde se arriesga a una sentencia por espionaje de  hasta 175 años de cárcel en el tribunal del distrito Oeste de Virginia donde nunca un acusado por asuntos de “seguridad nacional” ganó el caso y fue absuelto.
La suerte de Assange es un retrato del mundo de hoy, del pésimo estado de las democracias, del poder de la propaganda del establishment y de la apatía de los movimientos sociales en Europa.

sábado, 29 de junio de 2019

Quo Vadis, PSOE?


Javier Valenzuela.- “¿Cuántos diputados de Ciudadanos tienen que dimitir para que sean lo que se esperaba de ellos?”, dijo el ministro socialista José Luis Ábalos el lunes en referencia a la catarata de dimisiones que se estaba produciendo en el partido que acaudilla Alberto Carlos Rivera. Pues bien, puede que yo sea raro, pero jamás he esperado de Ciudadanos otra cosa que el servicio a los intereses del Ibex 35 y el nacionalismo españolista; jamás me he creído sus milongas sobre liberalismo, socialdemocracia, centrismo, progresismo, reformismo o regeneracionismo. Siempre he pensado lo que acaba de escribir Gerardo Tecé en CTXT: “Los principios políticos de Ciudadanos se llaman Nacional-Oportunismo, una extraña variante de nacionalismo español que muta según las necesidades de los grandes poderes económicos”.

¿Es que Ábalos –el de “lo que se esperaba de ellos”– y Pedro Sánchez siguen tragándose las milongas de Rivera, aunque sea con menos fe que en 2016, cuando firmaron con él un acuerdo de investidura y gobierno que presentaron como una maravilla? Tal posibilidad me parece tan sorprendente como que un chaval de 16 años siga creyendo en los Reyes Magos. Puedo entender que los socialistas aprovechen esta coyuntura para sacar a la luz la verdadera naturaleza derechista, muy derechista, de Rivera y sus mariachis. Aunque tengo que añadir que, al igual que Jesús Maraña, empiezo a estar harto del tacticismo que practican desde hace ya dos meses, ese guiño a Unidas Podemos por las mañanas y a Ciudadanos por las tardes. “No debería perder el PSOE un minuto más en sondear la posibilidad de que PP o Ciudadanos o ambos se planteen una abstención que permita la investidura de Sánchez”, escribió Maraña, y no puedo estar más de acuerdo.

Sánchez tiene baraka, pero esta no es inagotable; hasta el mismo Napoleón, de tanto confiar en su suerte, terminó en Santa Elena. Barrunto que de prolongar su tacticismo –ya no digamos llevarlo al extremo de convocar nuevas elecciones–, Sánchez puede provocar una grave desmovilización de ese electorado progresista que con tanta claridad se pronunció el 28M. El tiqui taca, la retahíla de pases y regates en la frontal del área, se está prolongando demasiado. Alguien debería disparar a puerta de una puñetera vez.

Y sí, me inquieta que Ábalos, que ya en la campaña electoral sugirió que sus preferencias iban por el entendimiento con Ciudadanos, siga diciendo que espera algo de esa gente. Que lo esperen sus mecenas –el banco de Sabadell, el Ibex 35, el Grupo Prisa y compañía– es de recibo, pero no lo es tanto que lo hagan unos socialistas que conquistaron el poder en su partido y luego en España proclamándose de izquierdas y prometiendo políticas sociales y progresistas. Unos socialistas que escucharon alto y claro en la noche del 28A cómo su militancia más fiel, la que les había llevado a la victoria frente a Susana Díaz en las primarias, clamaba: “¡Con Rivera no!” ¿O es que quieren darles la razón a tantos españoles de izquierdas que piensan que, a la hora de la verdad, el PSOE siempre les traiciona?

Ciudadanos ha entrado en crisis; pues qué bien, con su pan se lo coman. Fundadores y compañeros de viaje de Rivera se sienten ahora defraudados porque este haya mostrado su faz reaccionaria al aliarse con el PP de la corrupción y el autoritarismo y el Vox del machismo y el patrioterismo. Quiero suponer que Toni Roldán, Javier Nart, Juan Vázquez, Manuel Valls, Francesc de Carreras y demás actuaron de buena fe al creerse las patrañas de Rivera, el político español más embustero del siglo XXI. Si hubieran sido menos duros de mollera o lentos de reflejos, podrían haberse caído antes del guindo, como hizo su compañera Carolina Punset en 2018, cuando descubrió que Ciudadanos ni era centrista, ni feminista, ni ecologista, y que no tenía ningún interés en apaciguar los ánimos en Cataluña.

Pero, bueno, más vale tarde que nunca: bienvenidos sean a las luces. Ciudadanos es un partido nacional-populista –también puede calificársele de “auténtica banda de tahúres” como hizo ayer Benjamín Prado–. Fue inventado por el establishmentpara contrarrestar a Podemos, impedir cualquier reforma y apuntalar lo existente. Este medio, por su parte, jamás engañó a sus lectores. “ Viaje al centro del oportunismo”, tituló tintaLibre su portada sobre Rivera de noviembre de 2015.

Que el centroderecha de Macron, la eurocracia de Bruselas, el Ibex 35 y los medios de comunicación de su propiedad prefieran un acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos a uno entre el PSOE y Unidas Podemos es normal, está en la naturaleza de sus intereses. Ya señalé que Sánchez recibiría grandes presiones en esa dirección. Y tampoco me extraña demasiado que Rivera discrepe ahora de algunos de sus padrinos, se niegue a acostarse de nuevo con Sánchez y se empecine en ser el líder del Trifachito; tantos halagos durante tanto tiempo le han llevado a creerse Superman. ¡Pero que el PSOE se sorprenda por la fea desnudez que exhibe Ciudadanos! En fin, prefiero pensar que se hace el tonto por puro tacticismo.

Soy transparente: reconozco que escribo desde mi ideología (progresista) y mis intereses sociales, económicos y culturales (de clase media baja, cada vez más baja). Me incluyo entre los que, tras la victoria de Sánchez frente a Díaz y su moción de censura a Rajoy, decidieron darle una nueva oportunidad al PSOE para que se entienda con Unidas Podemos en la aplicación urgente de unas cuantas medidas: actualización de las pensiones con el IPC, mejora de las condiciones salariales y laborales de los jóvenes, lucha contra las subidas de los alquileres y los recibos de la electricidad, freno al deterioro de la sanidad y educación públicas, combate contra el plástico y el petróleo, abolición de la Ley Mordaza… Me dolería descubrir que, una vez más, me he equivocado con los socialistas, me he dejado engañar por sus cantos de sirena. 



Fuente:  InfoLibre,

viernes, 28 de junio de 2019

Del chavismo al epicentro de la izquierda antiimperialista

27 junio 2019
¿Quién habría pensado, durante el intento de golpe de estado del 23 de enero último en Venezuela, y sus consecuencias inmediatas, que solo cinco meses después Caracas se convertiría en el epicentro de la izquierda latinoamericana? El XXV Encuentro del Foro de Sao Paulo está previsto del 25 al 28 de julio en la mismísima Caracas que algunos suponían en manos de los Estados Unidos y sus aliados. Aquel día la reacción de la derecha hemisférica internacional, desde el norte en Ottawa -pasando por Washington D.C. a Bogotá, a Lima en dirección al sur, a Santiago de Chile-, tenía las botellas de champán listas para descorcharlas.
Si bien la apropiación del petróleo fue y es obviamente el objetivo, la destrucción del chavismo -como un modo de extirpar un ejemplo e inspiración- fue y es una consideración clave. Pesaba mucho en la balanza cuando Estados Unidos y sus aliados lanzaron su atrevido plan de golpe de estado el 23 de enero. No consistió en la primera intervención directa de los Estados Unidos contra Venezuela, después de la emergencia de Chávez al poder; la anterior fue contra Chávez, con él en vida.
Sin embargo, se esperaba que esta última versión fuera un triunfo seguro para el imperialismo estadounidense. Todo estaba en su lugar, como catapultar a un nuevo líder "popular" de las "bases", ¡y que resultara un diputado electo! Tal golpe de genio aparentemente estaba destinado a reemplazar a los abiertamente capitalistas Fedecámaras de 2002, que se parecían más a un rostro civil de la policía de Pinochet cuando se presentaron para la oportunidad fotográfica, en ese momento.
No, esta sería una nueva versión de un golpe de estado. Esta nueva cara del imperialismo tenía a su disposición una coalición de apoyo a su equipo de ensueño, formada por el Cartel de Lima. Su principal característica original era que no incluía al Trump universalmente detestado, reemplazado por su imagen política antitética de Canadá, Justin Trudeau, diseñado para brindar credibilidad a la Administración Trump.
El uso masivo de medios corporativos internacionales en una campaña de demonización sin precedentes contra un líder, en este caso Maduro, fue apoyado "en el terreno" por los soldados estadounidenses de las redes sociales distribuidas por todo el planeta. Frente a la resistencia bolivariana dejemos en claro los nervios de acero y la visión que exhibió Maduro durante las mordeduras del 23 de enero por parte de EE. UU.
Sus aliados en el hemisferio, y más allá de la vieja Europa, organizaron dos intentos de golpe más, y tres fallas en la red eléctrica en marzo; sucesivas sanciones económicas y diplomáticas, causa de 40 mil muertes en el período anterior al 23 de enero. Pese a las dificultades y la tensa situación, las propuestas abiertas al desierto, dirigidas a las fuerzas armadas cayeron en oídos sordos.
Por el contrario, la alianza cívico-militar no solo mantuvo su fuerza, sino que también desarrolló su conciencia político-ideológica y patriótica, y caló aún más en la población. Desde el 23 de enero hasta el presente, millones de chavistas muestran regularmente el apoyo a SU revolución, expresándose de una manera, aún más convincente que en las urnas electorales, que Maduro es el presidente legítimo.
En el curso de esta resistencia, la Revolución Bolivariana desarrolla aún más su política de combinar la lucha revolucionaria (no confiando en el imperialismo ni un tantito, ¡nada!, como indicó el Che), basada en sus principios, con la búsqueda simultánea en curso de una solución negociada, pacífica y política con la oposición. ¡Brillante ejemplo de diplomacia revolucionaria!
En este contexto y con Sao Paulo en mente, uno debe apreciar el trabajo de la Revolución Bolivariana, Maduro y su liderazgo completo (por ejemplo, Jorge Arreaza, bilingüe, como el ministro del Poder Popular para Relaciones Exteriores) están desarrollando activamente sus vínculos con las fuerzas antiimperialistas de izquierda, en el corazón del imperio.  Por ejemplo, Maduro ha extendido personal y explícitamente su mano -en nombre de la Revolución Bolivariana- a las fuerzas de izquierda en Washington DC, que habían ocupado valientemente la embajada de Venezuela para protegerla contra las fuerzas pro-estadounidenses.
Para citar solo uno de los muchos ejemplos, las misiones diplomáticas venezolanas en Canadá no dudaron ni un momento en reconocer las declaraciones de enero-febrero de los sindicatos canadienses, en nombre de sus cinco millones de miembros, en apoyo al derecho de Venezuela a la autodeterminación, contra la política del gobierno canadiense de interferencia pro-Trump.
Este alcance es recíproco porque la izquierda en los países capitalistas como los EE. UU., Canadá y el Reino Unido están acudiendo, desde enero, cada vez más a Caracas para testimoniar por sí mismos y responder contra la campaña de desinformación masiva lanzada contra Venezuela. Esta tendencia se ha convertido, por así decirlo, en la versión digital 2019 de lo que fueron las brigadas internacionales en apoyo a la República en la Guerra Civil española.
Cuando tuve oportunidad de escuchar a Maduro en una pequeña reunión con una delegación extranjera, el 4 de febrero de 2019, uno de los varios aspectos significativos que aprendimos fue el siguiente punto de vista: Venezuela se ve forzada a ingresar al escenario internacional como el epicentro del antimperialismo. Es decir, Venezuela no buscaba esta posición, pero la historia se la está imponiendo. Y, por supuesto, la Revolución Bolivariana está a la altura del desafío.
Me gustaría agregar que, como resultado de la situación internacional y la Revolución Bolivariana, la izquierda se ha movido más hacia la izquierda. La postura de principios de Venezuela ha obligado a los falsos amigos de la Revolución Bolivariana a abandonar la pose. En cualquier caso, esa tendencia fue un peso muerto en el proceso bolivariano, creando dudas desde una distancia segura.
Sin embargo, desde el 23 de enero han caído abiertamente en la narrativa estadounidense de elecciones de mayo de 2018 como “deficientes”, obstaculizadas por “irregularidades electorales” y “manipulaciones” y, por supuesto, Maduro como “autoritario.” El Norte presenta esos criterios como la voz “razonable” de la campaña contra Venezuela, en busca de la credibilidad que tanto necesitan en sus maniobras.
A cambio, mantienen sus privilegios académicos y el acceso a la corriente principal al pronunciar las palabras clave (“fraudulentas”, “autoritarismo.”) El "apoyo crítico" latente que se manifestó antes del 23 de enero se ha transformado de lleno en la narrativa de los Estados Unidos con algo de retórica de izquierda para tratar desesperadamente de conservar cierta credibilidad.
Sobre la afirmación de que, como resultado de la Revolución Bolivariana, la izquierda se ha movido más hacia la izquierda, a veces es útil investigar cómo los enemigos ven el movimiento. Después de todo, el imperio es muy sensible al fortalecimiento del chavismo como un efecto bumerán no deseado de su interferencia en Venezuela. Aparentemente, su peor pesadilla se está volviendo realidad si uno debe juzgar por este artículo típico en WorldPoliticsReview que encabezó:
“La crisis de Venezuela está trazando nuevas líneas ideológicas en América Latina, y sigue: Ya no es posible que los líderes latinoamericanos emitan declaraciones confusas ahora que la oposición venezolana ha declarado a Maduro como un presidente ilegítimo. Cuando Juan Guaidó, el jefe de la Asamblea Nacional de Venezuela, se declaró a sí mismo presidente interino el mes pasado, obligó a todos los líderes de la región a dejar clara su posición con respecto al gobierno.”
Por otro lado, el movimiento hacia la izquierda también se refleja en el hecho de que las fuerzas de los valientes izquierdistas de principios se han extendido en los Estados Unidos y Canadá, y expandido a nuevas áreas. Además, y esto es muy importante, la descarada campaña mediática contra Venezuela ha fortalecido enormemente la conciencia política bolivariana.
Asimismo, ha originado una serie de nuevas redes sociales, así como el aumento múltiple en el uso de las ya existentes y sitios web alternativos dedicados, entre otras causas, a la Revolución Bolivariana.
Para aquellos de nosotros que seguimos los medios de comunicación alternativos -y de los venezolanos-, las mentiras descaradas son tan frustrantes que dan pie a una resolución aún mayor, y por tanto una posición más de izquierda sobre importantes asuntos internacionales y la situación interna en los países imperialistas.
En consecuencia, la elección de Caracas para el próximo Foro de Sao Paulo no es una decisión arbitraria. Es una elección natural y necesaria, muy bien merecida por Maduro y millones de chavistas, que darán la bienvenida a las fuerzas progresistas en la misma ciudad que, se suponía, los Estados Unidos y sus aliados ocuparían.
Cuando uno está en el lado correcto de la historia, esto es lo que sucede. Es importante reflexionar sobre la importancia histórica de los cinco meses transcurridos, desde el 23 de enero hasta el mes de julio, no sólo para América Latina sino también para todo el hemisferio, y, ¿por qué no?, para todo el mundo. El impacto del resultado en América Latina afecta a la humanidad.

Este artículo fue publicado originalmente en Prensa Latina

jueves, 27 de junio de 2019

Olvídate de China: es el propio sistema económico de Estados Unidos el que está roto


La debilidad de los Estados Unidos está incorporada en el sistema: las 500 grandes compañías se deben lealtad sólo a sí mismas y el público está excluido de la prosperidad

The Guardian,  23 jun 2019
(traducción de Senén)

El próximo fin de semana, Xi Jinping podría acordar más pasos para reducir el desequilibrio comercial de China con los EE. UU., lo que le daría a Donald Trump una manera de salvar la cara en su guerra comercial.

Pero Xi no aceptará cambiar el sistema económico de China. ¿Por qué habría de hacerlo?

El sistema económico estadounidense se centra en maximizar los rendimientos de los accionistas. Y está logrando ese objetivo: el viernes, el S&P 500 alcanzó un nuevo récord histórico.
Pero los estadounidenses promedio no han visto ganancias significativas en sus ingresos durante cuatro décadas, ajustadas por la inflación.
El sistema económico de China, por el contrario, se centra en maximizar China. Y está logrando ese objetivo. Hace cuarenta años, China seguía siendo atrasada y agraria. Hoy en día, es la segunda economía más grande del mundo, hogar de la industria automotriz más grande del mundo y algunas de las compañías de tecnología más poderosas del mundo. En las últimas cuatro décadas, cientos de millones de chinos han salido de la pobreza.

Los dos sistemas son fundamentalmente diferentes.l

En el núcleo del sistema estadounidense se encuentran 500 empresas gigantes con sede en los EE. UU. Pero que hacen, compran y venden cosas en todo el mundo. La mitad de sus empleados no son estadounidenses, ubicados fuera de los Estados Unidos. Un tercio de sus accionistas no son estadounidenses.
Estas corporaciones gigantes no tienen ninguna lealtad particular a los Estados Unidos. Su única lealtad y responsabilidad es hacia sus accionistas.
Harán lo que sea necesario para que los precios de sus acciones sean lo más altos posible, incluyendo mantener bajos los salarios, luchar contra los sindicatos, reclasificar a los empleados como contratistas independientes, subcontratar en cualquier parte del mundo donde las partes son más baratas, cambiar sus ganancias en todo el mundo donde sea que los impuestos sean más bajos, y pagando a sus principales CEOs sumas absurdas (CEO: Chief Executive Officer: Principal Ejecutivo).
En el núcleo de la economía de China, por el contrario, están las empresas estatales que piden préstamos a los bancos estatales a tasas artificialmente bajas. Estas firmas estatales equilibran los altibajos de la economía, gastando más cuando las compañías privadas se muestran renuentes a hacerlo.
También son motores del crecimiento económico que hacen que las inversiones de capital intensivo que China necesita para prosperar, incluidas las inversiones en tecnologías de vanguardia.
Los planificadores centrales y las empresas estatales de China harán lo que sea necesario para mejorar el bienestar de los chinos y convertirse en la economía más grande y poderosa del mundo.
Desde 1978, la economía china ha crecido en un promedio de más del 9% por año. El crecimiento se ha desacelerado recientemente, y los aranceles estadounidenses podrían reducirlo a 6% o 7%, pero eso es aún más rápido que casi cualquier otra economía en el mundo, incluida la de Estados Unidos.
El sistema estadounidense se basa en impuestos, subsidios y regulaciones a fin de persuadir a las empresas para que actúen en interés del público norteamericano. Pero estas palancas han demostrado ser débiles en relación con el objetivo corporativo primordial de maximizar los rendimientos de los accionistas.
La semana pasada, por ejemplo, Walmart, el empleador más grande de Estados Unidos, anunció que despediría a 570 empleados a pesar de llevarse a casa más de $ 2 mil millones cortesía de Trump y los recortes de impuestos corporativos republicanos. El año pasado, la compañía cerró docenas de tiendas Sam's Club, dejando a miles de estadounidenses sin trabajo.
Al mismo tiempo, Walmart ha invertido más de $ 20 mil millones para re-comprar sus propias acciones, lo que aumenta la paga de los ejecutivos de Walmart y enriquece a los inversionistas ricos, pero no hace nada por la economía.
Cabe señalar que Walmart es una compañía global, no adversa a sobornar a funcionarios extranjeros para salirse con la suya. El jueves acordó pagar $ 282 millones para resolver las acusaciones federales de corrupción en el extranjero, incluida la canalización de más de $ 500,000 a un intermediario en Brasil conocido como "hechicera" por su capacidad para hacer desaparecer los problemas de los permisos de construcción.
En toda la economía estadounidense, el recorte de impuestos de Trump se justificó por empleos y salarios, pero en realidad fue muy bueno para los ejecutivos corporativos y los grandes inversores. En lugar de re-invertir en sus negocios los ahorros así obtenidos, el Fondo Monetario Internacional informa de que las empresas los utilizaron para re-comprar sus propias acciones.

Pero espera. Estados Unidos es una democracia y China es una dictadura, ¿verdad?

Es cierto, pero la mayoría de los estadounidenses tienen poca o ninguna influencia en la política pública, por lo que la reducción de impuestos de Trump hizo tan poco por ellos.
Esa es la conclusión de los profesores Martin Gilens, de Princeton y Benjamin Page, de Northwestern, quienes analizaron 1,799 problemas de políticas ante el Congreso y encontraron que "las preferencias del estadounidense promedio parecen tener sólo un impacto mínimo, casi cero, estadísticamente no significativo, en las políticas públicas".
En cambio, los legisladores estadounidenses responden a las demandas de los individuos adinerados (típicamente ejecutivos corporativos y magnates de Wall Street) y de las grandes corporaciones, aquellas con la mayor capacidad de cabildeo y con los bolsillos más grandes para financiar campañas.

No culpes a las corporaciones estadounidenses. Están en el negocio para obtener ganancias y maximizar los precios de sus acciones, no para servir a los Estados Unidos.

Pero debido a su dominio en la política estadounidense y a sus compromisos de compartir precios en lugar del bienestar de los estadounidenses, es una locura contar con ellos para crear buenos empleos en EEUU o para mejorar la competitividad estadounidense.
No estoy sugiriendo que emulemos el sistema económico chino. Estoy sugiriendo que no seamos presumidos con el sistema económico estadounidense.
En lugar de intentar que China cambie, debemos disminuir el dominio de las grandes corporaciones estadounidenses sobre la política norteamericana.
China no es la razón por la que la mitad de Estados Unidos no ha tenido un aumento de ingresos en cuatro décadas. El simple hecho es que los estadounidenses no pueden prosperar dentro de un sistema administrado en gran medida por grandes corporaciones, organizadas para aumentar los precios de sus acciones pero no para favorecer a los ciudadanos norteamericanos.


*Robert Reich, ex-Secretario de Trabajo de los EE. UU.. Es profesor de política pública en la Universidad de California en Berkeley y autor de Saving Capitalism: For the Many, Not the Pew y The Common Good. También es columnista del Guardian US.