jueves, 30 de enero de 2020

Evitar un jaque al rey en el Golfo

El asesinato del General Soleimani, que jugaba al ajedrez con Ryad, no fue una improvisación irracional de Trump.

RAFAEL POCH


El 8 de enero misiles de crucero iraníes atacaron dos bases militares de Estados Unidos en Irak. El ataque era una respuesta al asesinato, cinco días antes, del General Gasem Soleimani, uno de los principales hombres de estado iraníes, cuando se hallaba en misión diplomática en un país amigo. Como se ha dicho, la misión diplomática de Soleimani en Bagdad tenía que ver con conversaciones de deshielo entre Teherán y la monarquía saudí, los dos grandes enemigos de la región, mantenidas bajo mediación de Irak. Cuesta encontrar precedentes de un magnicidio tan provocador.
Políticamente su razón de ser no hay que buscarla en una brutal improvisación de Donald Trump más o menos relacionada con un proceso de destitución presidencial claramente condenado al fracaso. El motivo tiene que ver con la apuesta geopolítica fundamental de Washington en la región, mucho más que con el deseo de Estados Unidos de castigar a Irán por su contribución a los últimos reveses sufridos en Irak y en Siria, en los que el papel de Soleimani fue importante.
La apuesta fundamental de Washington en la región se llama Arabia Saudita. Si ese país deja de orbitar alrededor de Estados Unidos, la región se pierde. Washington ha errado en Irak. Al final su guerra allí concluyó, además de la destrucción y la matanza, con la formación de un gobierno dominado por chiítas y no hostil a Irán. Ha errado también en Siria, donde pese a la guerra civil inducida con su enorme mortandad, el buscado cambio de régimen no se ha producido, y además se ha favorecido el papel de Rusia y de una Turquía miembro de la OTAN que ha dejado de ser fiable. Todo eso han sido reveses, en ajedrez diríamos que se ha perdido un caballo y una torre, pero el dominio fundamental de Estados Unidos en la región sigue ahí. Si se perdiera la ficha saudí estaríamos ante un jaque al Rey.
Si se rompiera el actual estatuto que rige la relación de Arabia Saudí con Estados Unidos, seguramente Washington tendría que irse de Oriente Medio, o aceptar -por lo menos- un condominio con China y otros emergentes en la región, algo muy doloroso y extremadamente difícil de aceptar para quien ha gobernado la región en solitario tanto tiempo. Pero, sobre todo, se perderían posiciones globales fundamentales, vinculadas a la hegemonía del dólar en el comercio internacional y las transacciones financieras, es decir: a la sostenibilidad de la enorme burbuja que supone la desconexión  existente entre mercados financieros y la economía real sobre la que funciona la economía global dirigida por Estados Unidos.
La economía global de Estados Unidos funciona mediante la compra del crecimiento a crédito, generando deuda pública. Y todo eso se aguanta gracias a los flujos inversores exteriores; de la zona euro, de Japón y de los emergentes, China incluida. Desde luego hay intentos de cambio de la situación, potenciar otras monedas, elaborar alternativas tecnológicas al dominio americano del mundo digital (que lleva un espía de la NSA incorporado), etc., etc. Pero todo eso es endiabladamente complicado y delicado. Por ejemplo, Lula da Silva relaciona su encarcelamiento en Brasil con su papel de pionero al proponer en el marco de los BRICs una estrategia de desdolarización…
Arabia Saudí es fundamental en esa arquitectura, uno de cuyos puntales es el comercio internacional del petróleo en dólares. Además, los saudíes financian y adoctrinan ejércitos yihadistas que se encargan de desestabilizar a los países cuya política exterior es independiente, algo que ocurre tanto en la región del Xinjiang de China, como en Chechenia para Rusia, por no hablar de Siria. Eso es algo que la propia Hillary Clinton reconoce en sus mails y que se sabe gracias a Wikileaks. A grandes rasgos, Al Qaeda, el Estado Islámico y sus epígonos regionales, son ayudantes del Pentágono, función que no excluye accidentes, alguno de ellos tan grave como el 11-S neoyorkino. Eso explica muchas incongruencias.
Los saudíes aportaron el mayor contingente de combatientes extranjeros, 5.000 hombres, en la guerra contra los soviéticos en Afganistán. Por aquella época el KGB de la URSS explicaba que la infiltración de literatura sobre integrismo islámico que tanto se vigilaba en las fronteras del Uzbequistán y el Tadzhikistán soviéticos, venía de Arabia Saudí. Fue allí, a finales de los ochenta, donde escuché por primera vez el término “wahabita” que acogí con errado escepticismo.
Arabia Saudí propaga desde hace décadas, la versión más sectaria, misógina, homófoba, racista y antisemita del Islam: el wahabismo. Ryad se gasta en ello una fortuna: “8.000 millones de dólares anuales”, según el especialista francés Pierre Conesa, algo semejante a lo que se gasta en comprar armas o ingresa en la peregrinación a los santos lugares del Islam y seis o siete veces lo que la URSS empleaba en propaganda en sus mejores años. Desde los ochenta, la Universidad de Medina ha formado a 25.000 o 30.000 cuadros que propagan esa calamidad por todo el mundo -y que ha llegado alegremente hasta las mezquitas españolas- a base de generosas becas y financiaciones.
Quince de los 19 terroristas del 11-S, y 115 de los 611 prisioneros de Guantánamo eran saudíes. Y estos últimos años los saudíes han sido mayoría en el colectivo extranjero del Estado Islámico que combate en Siria e Irak: 2.500 personas en 2016. Sin embargo, tras el 11-S Estados Unidos no señaló a Arabia Saudí, sino a Irán, Irak y… Corea del Norte, e invadió Afganistán e Irak. Y con Soleimani han eliminado ahora a uno de los estrategas más eficaces en la derrota del Estado Islámico en Irak y Siria. ¿Incongruencias? En absoluto.
Como explica Michael Hudson, “los saudíes aportan el apuntalamiento de la dolarización global, reciclando sus fabulosos ingresos petroleros en inversiones financieras y compra de armas en Estados Unidos, así como suministrando y organizando a los terroristas del Estado Islámico y coordinando sus destrucciones con los objetivos de Estados Unidos. Tanto el lobby petrolero como el complejo militar industrial obtienen enormes beneficios económicos de los saudíes”. Un deshielo entre Irán y Arabia Saudí como el que parecía estarse negociando, no podía ser visto más que como una enorme amenaza para toda esa arquitectura.
Volvamos ahora al ataque de Irán contra bases americanas en Irak del día 8 en respuesta al asesinato de su General Soleimani. El misterio aquí no es que no hubiera víctimas americanas, como dijo Trump, o que solo fueran varias decenas de heridos como afirmaron luego las filtraciones. Eso está claro: los iraníes conocen la correlación de fuerzas y efectuaron el mínimo ataque posible para salvar la cara ante su indignada población sin arriesgarse a provocar una respuesta militar de Estados Unidos (riesgo del que el derribo accidental del avión ucraniano sobre Teherán aquel mismo día pudo ser nerviosa consecuencia). Hasta avisaron a los iraquíes del ataque para evitar daños mayores. El misterio de ese ataque es la defensa antimisiles de Estados Unidos: los famosos “Patriot”, que debían estar aquel día en máxima alerta, no interceptaron ni un solo misil iraní.
La lectura militar de ese dato es la siguiente: los misiles de crucero iraníes Hoveizeh son lo bastante buenos y rápidos como para burlar a la defensa antimisiles americana, que es la que tienen los saudíes junto a las refinerías, los pozos y las terminales exportadoras que son la esencia de su modus vivendi. Esos misiles tienen un alcance superior a los 1300 kilómetros, lo que significa que todo el complejo petrolero nacional está técnicamente amenazado desde Irán. Teniendo en cuenta que su actual patrón americano ha demostrado últimamente una torpeza considerable, teniendo en cuenta que China promueve otro tipo de orden internacional en la región (la Road and Belt Initiative), basado en corredores comerciales con el apoyo entusiasta de Irán y muchos otros, y teniendo en cuenta que la apuesta guerrera americana ni siquiera garantiza la integridad de su complejo petrolero, ¿no valdría la pena explorar otros esquemas? Arabia Saudí está en eso desde hace tiempo.
El año pasado hubo amagos de participación china en Aramco, la mayor petrolera del mundo de propiedad saudí, algo lógico si se tiene en cuenta que Asia es el principal cliente del petróleo del Golfo. En esas condiciones, ¿no habría que orientarse un poco más hacia Asia? El asesinato del General Soleimani que jugaba al ajedrez (juego inventado por los persas) precisamente en ese tablero con Arabía Saudí, ha sido la respuesta de Washington a esa pregunta. Hay demasiado poder global en juego detrás de un jaque al rey en el Golfo Pérsico.


Fuente ctxt, 29 enero 2020


jueves, 16 de enero de 2020

Sobre misiles y aviones caídos por error

Reconocer un crimen militar involuntario, como ha hecho Irán con el avión ucraniano, no es algo corriente. La comprensión de su contexto recuerda quienes son los verdaderos bárbaros.
RAFAEL POCH, 15-01-2020

El 8 de enero un misil iraní derribó por error un avión civil ucraniano cerca de Teherán con el resultado de 176 muertos. Las autoridades de Irán, el “guía supremo”, Alí Jamenei, el Presidente del país, Hasan Rohani y el ministro de exteriores, Mohammad Javad Zarif, se disculparon por lo que calificaron de “trágico error” dos días después de los hechos. En Londres, el embajador de Irán, Hamid Baeidinejad, también se disculpó: la víspera, en una declaración a la prensa británica, había descartado el escenario de un error con un misil. “Pido disculpas y lamento haber transmitido esos informes incorrectos”, dijo.Esta actuación debería ser norma, pero está lejos de ser algo corriente. Es excepcional y ha causado sorpresa. “Apenas puedo recordar una declaración similar de un embajador en tales circunstancias”, ha dicho Alistair Burt, un ex miembro conservador del parlamento a propósito del diplomático iraní. Por desgracia es demasiado frecuente tumbar aviones con misiles y no reconocerlo. Aún menos frecuente es disculparse por ello.Hace poco, el 17 de julio de 2014, un Boeing 777 de Malaysia Airlines fue derribado por un misil cerca de Donetsk (Ucrania). Hubo 298 muertos y los indicios apuntan a Rusia, cuyo ministerio de defensa lanzó unas cuantas falsedades, pero nadie se ha hecho responsable de aquello al día de hoy. Si retrocedemos más en el tiempo, la crónica es abultada.Una larga serieEl 11 de septiembre de 1968 un Caravelle de Air France con 95 personas a bordo que volaba de Ajaccio a Niza, fue derribado por un misil francés frente a la costa de Antibes. En el Paseo de los ingleses de Niza hay un pequeño monumento que recuerda la tragedia, pero no se menciona su causa ni Francia nunca la ha reconocido.El 6 de octubre de 1976 los anticastristas cubiertos por la CIA volaron un avión de Cubana de Aviación con 73 ocupantes tras despegar de Barbados. En 44 años no ha habido disculpa y los responsables del atentado, Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, fueron protegidos hasta su muerte por la CIA y el sistema judicial de Estados Unidos.En 1980 un DC-9 de la compañía Itavía que volaba de Boloña a Palermo fue derribado el 27 de junio sobre la isla de Ustica matando a sus 81 ocupantes. El Presidente italiano Francesco Cossiga lo atribuyó a un misil, francés o de la OTAN. Muchas fuentes relevantes del caso murieron en suicidios y accidentes de tráfico a lo largo de los años. Cuatro generales italianos fueron acusados de encubrimiento pero no condenados. Nadie ha asumido la responsabilidad.Tres años después, el 31 de agosto de 1983, un Boeing surcoreano con 239 personas a bordo fue derribado sobre la isla de Sajalín por la defensa aérea soviética, que lo confundió con un avión espía. Al parecer el avión había sobrevolado y fotografiado las bases de misiles estratégicos de Kamchatka, según reveló años después un ex agente de los servicios secretos japoneses sugiriendo una inducida provocación.Cinco años después del derribo en Sajalín, un Airbus de Irán Air fue abatido, el 3 de julio de 1988, en el estrecho de Ormuz por el crucero lanzamisiles de Estados Unidos, Vincennes. Murieron 290 personas. El barco, bajo mando del comandante Will Rogers, se encontraba en una situación de tensión metido en aguas iraníes cuando lanzó un misil contra el avión civil. Washington reconoció el error y acabó pagando indemnizaciones tras un pleito de muchos años, pero el Comandante Rogers fue condecorado con la “Legión al Mérito”, “por su conducta excepcionalmente meritoria en el desempeño de su servicio”.Cinco meses después tuvo lugar el atentado que destruyó en el aire el Boeing 747 de Pan Am sobre la localidad escocesa de Lockerbie (270 muertos). Por conveniencia política, la CIA prefirió atribuir aquel atentado a la Libia del Coronel Gadafi, entonces preferente en el punto de mira de Washington, pero según diversas fuentes cualificadas lo más probable es que aquel atentado fuera la venganza iraní por el derribo del estrecho de Ormuz.“Crímenes” y “errores”El director del magnífico Le Monde Diplomatique, Serge Halimi, comparó en un artículo publicado el año pasado el diferente trato informativo que recibieron en los medios occidentales el Boeing surcoreano, abatido por el enemigo soviético, y el Airbus iraní derribado por los nuestros. En el primer caso los grandes medios de comunicación hablaron de “crimen”, “deliberado”, “bárbaro” y “brutal”. En el segundo prefirieron calificar el  “error” como “comprensible”, “lamentable”, “fatal”, “justificado” y atribuido a la “complejidad técnica”. “¿Es necesario especificar a quién dedicaban los periodistas estadounidenses los términos “seres queridos”, “seres humanos inocentes” e “historias personales conmovedoras”, y a quién los más sobrios de “pasajeros”, “viajeros” o “personas que han muerto”? se preguntaba Halimi.Lo que ocurrió en la localidad de Toulon, la Cartagena de la marina de guerra francesa, el 15 de febrero de 1989, no tuvo que ver con avión, pero si con misil. Sobre las dos y media de aquel día la llamada Maison des têtes, una casa del siglo XVII de cinco pisos del barrio viejo, se desmoronó como un castillo de naipes con el resultado de 13 muertos y 32 heridos. Las autoridades atribuyeron la causa a una “explosión de gas”, pero todo apunta a que fue un misil.   Más de treinta años después tampoco este secreto de Estado ha sido reconocido.El contexto del derribo del avión civil ucraniano sobre Teherán es la enorme tensión militar que enfrenta a Estados Unidos e Irán. En su último capítulo esta tensión se agravó, en 2018, con la retirada unilateral de Estados Unidos del acuerdo nuclear alcanzado con Irán. Trump restableció e incrementó entonces las sanciones que Obama había cancelado en 2015 en el marco de aquel acuerdo. Si el problema fuera la proliferación nuclear, alguien debería acordarse de que, desde los años setenta, Teherán ha venido proponiendo hacer de Oriente Medio una zona no nuclear, como las que existen en otras partes del mundo como Asia Central o América Latina. Todos los países de la región, excepto Israel, que dispone de arsenales nucleares químicos y bacteriológicos completos, firmaron en su día el tratado de no proliferación nuclear de Naciones Unidas.Tan dañino como las bombasLas tensiones derivadas de la retirada de Estados Unidos y de las nuevas -y viejas- sanciones, asfixian la economía y la sociedad de Irán. Sus consecuencias no son menos dañinas que las bombas y los misiles. La economía iraní que registró un crecimiento del 12% en 2016, cuando se levantaron las sanciones, se ha desmoronado a un -10% en 2019. En un año su moneda ha perdido el 80% de su valor, la clase media se está encogiendo, la vital exportación de petróleo ha caído un 80% y el chantaje de la extraterritorialidad  de la ley americana ha hecho retirar del mercado iraní a empresas y bancos de todo el mundo, incluida a la poderosa petrolera china CNPC.El objetivo declarado de esta política es claramente criminal, reconoce el secretario de Estado americano Mike Pompeo: “La situación para el pueblo iraní es hoy mucho peor y estamos convencidos de que eso hará que la gente se levante y que cambie el comportamiento del régimen”. La gente ya se ha levantado: desde el otoño el régimen ha matado a unos 300 manifestantes en las protestas por el deterioro de la vida y la carestía.Todo esto se ha agravado con el asesinato, el 3 de enero, del General Gasem Soleimani, una de las principales figuras del régimen iraní, lo que se parece mucho a una declaración de guerra. De la lectura de la edición del pasado domingo de The New York Times se deduce que el asesinato de Soleimani no fue ni una improvisación, ni una respuesta a un hecho puntual o amenaza inminente, sino algo planeado desde hace dieciocho meses. Estados Unidos ha sufrido ultimamente importantes reveses en Irak y Siria que tienen que ver con Irán y con la estrategia de Soleimani. El informe también aclara la conveniencia del asesinato para que Trump “preserve el apoyo de los halcones republicanos en el senado en el próximo proceso de destitución que se le prepara”, explica el diario.La liga de los bárbarosEste es el contexto irresponsable en el que se produjo el derribo del avión ucraniano en Teherán. Este tipo de crímenes con muerte de civiles inocentes en un contexto de tensión bélica recibe en occidente el cínico calificativo de “daños colaterales”. Recordemos que el concepto fue acuñado por la OTAN de Javier Solana en la campaña de Yugoslavia y los medios de comunicación occidentales lo aceptan desde entonces como algo natural cuando se trata de crímenes propios. Así, la muerte de civiles en la toma de los nuestros en Mosul (Irak) eran “daños colaterales”, pero en Alepo (Siria), donde ganaron los gubernamentales de Asad con apoyo ruso e iraní, fueron masacre. Esto es tan antiguo como la guerra y el periodismo establecido lo acepta sin rechistar.Al admitir su criminal error, las autoridades iraníes se han creado problemas internos, como se ha visto estos días en las protestas contra los tres días que duró la mentira oficial. Cuando un régimen teocrático, es decir vinculado de alguna forma con la divina infalibilidad, admite un error, se abre entre la población la sospecha de si la mentira enmendada no será una más entre muchas. También los sumos pontífices occidentales saben mucho de ese riesgo, por grande y sofisticada que sea su habilidad en torearlo en las condiciones de relativo bienestar que gobiernan, bien alejadas de las que imperan en Irán. Sea como sea, la admisión por parte de Irán de su trágico error así como la comprensión de su irresponsable contexto, nos recuerda quienes son los verdaderos bárbaros.