viernes, 24 de septiembre de 2021

México rescató la CELAC.

Por Ángel Guerra Cabrera.- La VI Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños(Celac), celebrada en México, ha constituido un indudable éxito del presidente Andrés Manuel López Obrador y de la diplomacia mexicana. Y es que solo un gobierno prestigioso y respetado por su gran apoyo popular, su independencia en política exterior y el espíritu de concordia con que trata los conflictos, como el actual de México, gozaba del liderazgo necesario para asumir la presidencia pro tempore de la organización de 32 miembros y relanzarla hacia su pleno funcionamiento en una región con líderes tan heterogéneos ideológicamente. La deferente y amistosa recepción al presidente cubano Miguel Díaz-Canel para hablar como invitado de honor en el acto central por la independencia de México y los magníficos discursos pronunciados por él y su anfitrión López Obrador, así como la sorpresiva llegada del mandatario venezolano Nicolás Maduro crearon un ambiente muy auspicioso para el inicio de la cumbre. Ellos tres, contribuyeron mucho, además, a darle sustancia popular y rumbo, junto a sus homólogos Luis Arce(Bolivia), Pedro Castillo(Perú) y los primeros ministros de San Vicente y las Granadinas y Dominica, Ralph Gonsalves y Roosevelt Skerrit.

La Celac llegó a estar en terapia intensiva a consecuencia de las posiciones monroístas de rechazo a la unidad, la integración y la solidaridad nuestroamericanas de gobiernos como lo de Mauricio Macri, Pedro Pablo Kuczynsky, Jair Bolsonaro, Iván Duque y otros impresentables de la región, en el mejor de los casos indiferentes a esos objetivos. Bolsonaro llegó al extremo de sacar a Brasil de la organización. Recuérdese como, junto al traidorcete Lenín Moreno, disolvieron la Unasur y hasta retiraron la estatua erigida a Néstor Kirchner de la que fue su sede en Quito.

En esa situación, las cumbres anuales de la Celac dejaron de celebrarse en 2017 y ha sido, sin duda, la llegada de gobiernos populares a México(2018), Argentina(2019), el restablecimiento de la democracia en Bolivia(2020) así como la firme unidad entre los gobiernos del Alba-TCP, lo que creó el ambiente propicio para su relanzamiento contundente, fruto de un consenso labrado pacientemente durante meses por México. Cabe recordar que es clave en el funcionamiento de la Celac “la unidad en la diversidad”, enfatizar en lo que une y no lo que divide entre gobiernos abiertamente de derecha y gobiernos populares, de izquierda o socialistas, que están llamados a cooperar y trabajar juntos en muchos asuntos de interés común. En el proceso de rescate de la Celac, México puso en el centro el enfrentamiento a la pandemia, la producción de vacunas en la región y su entrega a los países más necesitados y el proyecto de una agencia espacial latinocaribeña, ya aprobada. Con la misma dedicación, consiguió lograr el consenso sobre una Declaración Final de 44 puntos sustantiva, respetuosa de los distintos puntos de vista, la tradición y el acervo documental de la organización y sus antecesores: el Grupo de Río y las Cumbre de América Latina y el Caribe celebradas en México(2010) y Caracas(2011), esta última la fundacional, presidida por Hugo Chávez.

La Declaración de Ciudad de México es un magnífico documento, que toma en cuenta las cuestiones ya señaladas, se inscribe reiteradamente en el cumplimiento por los Estados miembros del derecho internacional con arreglo a la Carta de la ONU y otros instrumentos fundamentales del derecho internacional. En ese sentido, se pronuncia “por la igualdad soberana de los Estados, la solución pacífica de controversias, la cooperación internacional para el desarrollo, el respeto a la integridad territorial y la no intervención en los asuntos internos de los Estados. Reafirma su compromiso con la defensa de la soberanía y del derecho de todo Estado a construir su propio sistema político, libre de amenazas, agresiones y medidas coercitivas unilaterales en un ambiente de paz, estabilidad, justicia, democracia y respeto de los derechos humanos”.

En un contexto como el ya apuntado es totalmente natural que se produzcan actos de provocación digitados desde Washington como las difamatorias diatribas de los presidentes de Uruguay y Paraguay contra Cuba, Venezuela y Nicaragua, a quienes Maduro y Díaz-Canel pusieron en su sitio pero sin darles oportunidad a desviar la reunión de su curso. La cumbre abordó también la cuestión del cambio climático, acordó un fondo común para atender desastres naturales, que ese fenómeno está acrecentando y, entre otras, adoptó una enérgica resolución especial que pide a Estados Unidos el levantamiento del bloqueo a Cuba. Sentó, en fin, las bases para que la nueva presidencia que se elija llegue a trabajar sobre sólidos fundamentos. Tiene gran significación el cálido mensaje dirigido por el líder chino Xi Jinping, que anuncia una nueva etapa en la relaciones del gigante asiático con la Celac.

Twitter: @aguerraguerra

Fuente: La pupila insomne

jueves, 2 de septiembre de 2021

Cuba en dos planetas.

Por José Ramón Cabañas. La internet surgió a finales de la década de los años 60 del siglo XX como un proyecto militar estadounidense, respondiendo a la necesidad de trasladar gran cantidad de información de un punto a otro distante en breve tiempo, en caso de que se produjera un conflicto armado.

Como ha sucedido con otras muchas creaciones de ese origen, al poco tiempo internet pasó a tener un uso comercial público y comenzó a llenarse de información y soluciones prácticas para problemas diversos, a pesar de que desde bien temprano se replicaron en ella las mismas desigualdades del mundo real.

Un pequeño grupo de empresas establecidas en el primer mundo desarrollaron la infraestructura de equipamiento de internet, la interconexión entre las partes, tanto como la programación que sustenta ya una inmensa cantidad de servicios en línea. Poco a poco fueron sumándose empresas e instituciones de diversas regiones, pero ninguna hasta hoy controla gran parte del flujo que transita por ese soporte, responsabilidad que sigue retenida en las pioneras.

Cuba, que había sido capaz de construir computadoras propias desde finales de los años 70 del pasado siglo, solo se asomó a esa ventana de oportunidades que ofrecía internet a mediados de la década de los noventa, debido, entre otros factores, a las grandes limitaciones técnicas y de recursos impuestas por las restricciones desde Estados Unidos. También existía una buena carga de suspicacia ante una herramienta que no se conocía cómo funcionaba y por los riesgos de seguridad que podía traer consigo.

Sin embargo, Fidel Castro desde 1999 tuvo una visión plena de las potencialidades de internet para un país como Cuba y comentó que “parecía hecha para nosotros” por las posibilidades que brindaba para llegar con nuestro mensaje a muchos destinatarios con pocos recursos. Existía, no obstante, otro importante obstáculo que él también avizoró y para el que ofreció una creativa solución.

La sociedad cubana no debía ser una simple consumidora del ingenio, un visitante, un actor pasivo. Había que crear los recursos humanos para asumir el reto, a pesar de las limitaciones en equipamiento había que instruir a los más jóvenes de forma masiva. Fueron los años del despliegue de los clubes de computación en muchos municipios cubanos y del surgimiento, aunque ya existían varias facultades universitarias dedicadas al tema, de la espectacular Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), la cual hoy aloja un parque tecnológico en sus entrañas.

El Ministerio de Comunicaciones en Cuba vio transformarse su nombre a Ministerio de la Informática y las Comunicaciones, como un indicador de la importancia estratégica que se le daba a la materia. En su organigrama apareció una estructura denominada Informatización de la Sociedad.

A pesar de ello continuaron las limitaciones técnicas, materiales y de financiamiento para avanzar en la forma deseada, pero también en el debate interno entre cubanos siguieron surgiendo dudas respecto a la seguridad nacional y no se observaba con claridad el impacto que tendría, al menos el establecimiento de una red doméstica, para la economía cubana.

Debe recordarse que durante mucho tiempo el acceso de Cuba a la llamada red de redes fue por vía satelital, lo cual imponía serias limitaciones a la magnitud de los flujos de información y creaba ciertas dudas sobre su sostenibilidad.

Es decir, por un largo período para la mayoría de los cubanos internet era algo inaccesible y básicamente un instrumento de trabajo para aquellas instituciones que podían garantizar la conexión a sus funcionarios y trabajadores. Era un mundo paralelo que se podía visitar o no.

Aún así, un grupo de cubanos ingeniosos, emprendedores si se quiere usar el término, fue capaz de crear un proyecto tan único como Infomed, que enlazó a todas las instituciones del sistema nacional de salud y a su personal, con el objetivo de compartir fuentes de información, hacer el conocimiento de la especialidad asequible a todos, llegando a ser el soporte pionero de la cirugía a distancia en Cuba. Por su visión estratégica, todavía hoy Infomed sigue siendo un producto de referencia en el mundo.

Más adelante otro grupo ingenioso trabajó duramente y armó Ecured, lo que algunos llaman la Wikipedia cubana, que en realidad deberíamos consultar y promover mucho más de lo que hacemos hoy.

Mientras esto sucedía, tuvo lugar la gran transformación de la telefonía a nivel técnico con el surgimiento de los celulares y poco después se produjo el matrimonio entre internet y los teléfonos portátiles. Pero Cuba estaba detrás en ambos desarrollos, si bien ya era capaz de dar por sí misma algunos pasos en programación. Se fueron creando empresas para automatizar procesos y digitalizar soluciones puntuales nacionales.

Con más planes en este sector que medios para ejecutarlos, Cuba enfrentó el reto a inicios de la segunda década de este siglo de regularizar los servicios con empresas estadounidenses en telefonía, que rápidamente fueron pasando de voz a datos. Toda la prioridad de Estados Unidos en este campo radicaba en buscar avenidas de influencia en la sociedad cubana, más que proveerla de fortalezas tecnológicas que pudiera utilizar en su economía. La sombra del bloqueo estaba por todas partes. Y aquellos caminos se siguieron construyendo hasta el día de hoy.

En un espacio muy corto de tiempo una apreciable mayoría de cubanos pasó de usar líneas fijas y cabinas telefónicas a tener el mundo (o su representación) en el bolsillo. El soporte de todo ese desarrollo se construyó de manera imperfecta quizás, pero soberana, con un absoluto control técnico, aunque no de contenido.

Este proceso tuvo lugar en un país con altos niveles de educación y con una cultura centenaria de tratar de conocer lo que hace y se produce en el exterior para transformarlo, reproducirlo y adaptarlo a sus necesidades.

De una manera vertiginosa, comenzamos a consumir símbolos, modas y hasta estados de ánimo sin ser capaces de generar y subir nuestros propios contenidos. Al apreciar el desequilibrio algunos expertos del patio de forma bien intencionada hablaron de crear muros de contención, limitar servicios. Para muchos instalarse en internet y, particularmente en las plataformas que multiplican el contacto interpersonal, se concibe solo en términos de dar una batalla, enfrentar a otros, ripostar, entrar y salir.

Sin embargo, en esta coyuntura debemos reflexionar sobre algo que parece obvio, pero que no hemos interiorizado en toda su extensión y, aún más, no hemos convertido en soporte de toda nuestra acción futura: la humanidad vive en dos mundos gemelos, el real y el virtual. Si estás solo en el real vives al 50%.

Y esta simple verdad tiene una implicación enorme, casi de supervivencia, para todas las relaciones de Cuba con el mundo, sean oficiales diplomáticas, científicas, deportivas, culturales, económicas. Quien no garantice su presencia en el mundo virtual literalmente no existe, ni en el plano nacional, y mucho menos en el internacional.

La anterior no es una afirmación que merezca reconocimiento, sino comprensión. En la Cuba de hoy desde el Estado y el gobierno se insiste en la necesidad de que todas nuestras instituciones y el personal que forma parte de ellas tengan una presencia en internet. Pero no se logrará si se aprecia como una tarea o indicación. Sólo llegaremos a ese punto si entendemos que todos y cada uno debemos estar o ser allí, para cumplir las funciones más altas, pero también para hacer nuestro trabajo y hasta para garantizar la manutención de la familia.

Es un paso muy significativo en esa dirección la transformación del Instituto Cubano de Radio y Televisión en Instituto de Información y Comunicación Social. Empieza un largo camino para lograr, entre otros objetivos, que absolutamente toda la prensa cubana tenga presencia en el mundo digital de manera eficiente. Lo que quiere decir que los contenidos que se producen, y hay muchos de muy alta calidad, estén disponibles de inmediato en esos soportes, sean de fácil acceso y eventualmente se traduzcan a otros idiomas.

Lógicamente tendremos mucho más éxito si también comprendemos a escala de toda la sociedad que la comunicación es una ciencia y que los comunicadores y los responsables de esa actividad en cada célula de nuestro país requieren entrenamiento y calificación. Otra clave será percatarnos de que hay una labor política a realizar en el ciberespacio, pero esta no sustituirá nunca, más bien complementa, la que se hace a pie, en el barrio, mirando a los ojos.

Hace mucho tiempo que no existen dos públicos (nacional e internacional) y hace menos que multitud extranjeros y cubanos residentes en el exterior nos leen o nos ven en primera instancia en nuestros propios medios. Se puede hacer un cálculo muy simple: en la misma medida en que seamos capaces de presentarnos de forma atractiva ante el mundo y con los códigos adecuados, que son muchos y diversos según cada segmento de público, menos probabilidades habrá de que las campañas enemigas cumplan su objetivo.

Es casi el mismo reto de la guerrilla mambisa contra el ejército colonial español, pero sí se puede, hay caminos y brechas como entonces, pero sobre todo motivación. Daremos un salto enorme el día en que cada cubano, de cualquier edad, de cualquier extracción social, en cualquier parte de la isla comprenda que ella o él también pueden ayudar en la proyección exterior del país. Y como se supondrá, algunos observadores externos darán más crédito a lo que diga un cubano a la orilla de un río, que lo exprese un funcionario desde su buró.

Y nuevamente un pequeño detalle. Nadie debe esperar que ello suceda por generación espontánea, aún para los que cuentan con los medios técnicos para navegar por internet. Hay que instruir, que es mucho más complicado que un jefe le diga a un subordinado que se abra una cuenta en las redes sociales y empiece a poner contenido.

Entre otras cosas porque un navegante en internet sin preparación va dejando más datos suyos, de su entorno, amigos, círculo laboral y otros temas que la información que recolecta.

Además, cualquier aficionado a Facebook, Twitter, Instagram, Flickr y otros espacios podrá explicar que cada plataforma tiene su secreto, su forma de hacer. Aún más, ya se produce una migración masiva de esos soportes globales a otros más segmentados en los que las personas encuentran identidad ideológica o cultural. De estos últimos como sociedad sabemos menos, pero es un proceso que está en marcha en todas partes, incluida Cuba. Solo si los padres navegan sabrán a donde salieron a jugar virtualmente sus hijos, cuál es el amor remoto que tienen en otro continente, o el libro que leen en un idioma distinto.

El mundo virtual, es un animal en transformación constante y las verdades tecnológicas de hoy no lo serán mañana. Es un mundo al que hay que acudir con chaleco antibalas, sin ingenuidades. Si se va listo a consumir, también se debe acudir con deseos de aportar o vender.

Para los más jóvenes quizás lo más difícil sea comprender que el mundo virtual no debe ser el 70 o el 80% de sus vidas, porque siguen siendo seres sociales y dependen de una relación física con el entorno. Todos debemos desarrollar una capacidad crítica, responsable sobre lo que leemos y lo que ponemos a un lado, lo que consideramos importante y lo que no; razonar contracorriente a las teclas de los retuits y los likes, que no son índices reales de conocimiento, importancia o magnitud. A los de más edad habrá que invitarlos a que dediquen algo más del 10% de su tiempo a la virtualidad.

Ni qué decir de lo que significa potencialmente aún internet para nuestra economía. Quedaron atrás las reuniones para presentar un producto, los brochures y las memorias externas (algunos dirán “y los discos compactos”). Hoy las gestiones para la venta de un tornillo o de un submarino comienzan con www. Para ser justos hay que decir que las playas de Cuba, el amor de su gente, su dulce música, el sabor del ron y muchas otras cosas no van por ahí, pero también pueden utilizar dichos resortes y lo hacen en muchos casos.

Cuba ha construido ya sus propios paradigmas. Está por calcularse la cantidad de combustible que ha ahorrado al país la aplicación Transfermóvil para los pagos a distancia, además de alegrarle la vida a los cubanos. ¿Qué sucedería si absolutamente todos los procesos de servicios a la población estuvieran automatizados? Pues mejor economía y más alegría.

Hagámonos el propósito de vivir en ambos mundos, sin que alguien lo tenga que orientar o indicar, creemos los mecanismos para alfabetizar a los novatos y actualizar a los entendidos. Internet parece creada para los cubanos, es verdad Comandante.





domingo, 29 de agosto de 2021

El gran juego de aplastar naciones

 John Pilger*, 28 agosto 2021

Telesur


Mientras un tsunami de lágrimas de cocodrilo envuelve a los políticos occidentales, la historia es ocultada. Hace más de una generación, Afganistán ganó su libertad, que Estados Unidos, Gran Bretaña y sus “aliados” habían destruido.

En 1978, un movimiento de liberación dirigido por el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA) derrocó la dictadura de Mohammad Dawd, primo del rey Zahir Shah. Fue una revolución inmensamente popular que tomó por sorpresa a británicos y estadounidenses.

Los periodistas extranjeros en Kabul, informó The New York Times, se sorprendieron al encontrar que “casi todos los afganos que entrevistaron dijeron [estar] encantados con el golpe”. The Wall Street Journal informó que “150.000 personas… marcharon para honrar la nueva bandera… los participantes parecían genuinamente entusiasmados”.

El Washington Post informó que “la lealtad afgana al gobierno apenas puede ser cuestionada”. Secular, modernista y, en gran medida, socialista, el gobierno declaró un programa de reformas visionarias que incluía la igualdad de derechos para las mujeres y las minorías. Se liberó a los presos políticos y se quemaron públicamente los archivos policiales.

Bajo la monarquía, la esperanza de vida era de 35 años; uno de cada tres niños moría en la infancia. El 90% de la población era analfabeta. El nuevo gobierno introdujo la asistencia médica gratuita. Se lanzó una campaña de alfabetización masiva.

Para las mujeres, los avances no tenían precedentes; a finales de la década de 1980, la mitad de los estudiantes universitarios eran mujeres, y las mujeres constituían el 40% de los médicos de Afganistán, el 70% de sus profesores y el 30% de sus funcionarios.


Con el apoyo de Occidente

Los cambios fueron tan radicales que permanecen vivos en la memoria de quienes se beneficiaron de ellos. Saira Noorani, una cirujana que huyó de Afganistán en 2001, recuerda:

“Todas las chicas podían ir al instituto y a la universidad. Podíamos ir a donde queríamos y vestir lo que nos gustaba… Solíamos ir a los cafés y al cine a ver las últimas películas de la India los viernes… todo empezó a estropearse cuando los muyaidines empezaron a ganar… ésta era la gente que Occidente apoyaba”.

Para Estados Unidos, el problema del gobierno del PDPA era que estaba apoyado por la Unión Soviética. Sin embargo, nunca fue la “marioneta” de la que se burlaba Occidente, ni el golpe contra la monarquía estuvo “respaldado por los soviéticos”, como afirmó la prensa estadounidense y británica en su momento.

El secretario de Estado del presidente Jimmy Carter, Cyrus Vance, escribió posteriormente en sus memorias: “No teníamos pruebas de ninguna complicidad soviética en el golpe”.

En la misma administración estaba Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional de Carter, un emigrante polaco, fanático anticomunista y extremista moral cuya influencia duradera en los presidentes estadounidenses sólo expiró con su muerte en 2017.

El 3 de julio de 1979, sin que el pueblo y el Congreso estadounidenses lo supieran, Carter autorizó un programa de “acción encubierta” de 500 millones de dólares para derrocar al primer gobierno laico y progresista de Afganistán.  La CIA lo denominó Operación Ciclón.

Los 500 millones de dólares compraron, sobornaron y armaron a un grupo de fanáticos tribales y religiosos conocidos como los muyaidines. En su historia semioficial, el periodista del Washington Post Bob Woodward escribió que la CIA gastó 70 millones de dólares sólo en sobornos. Describe una reunión entre un agente de la CIA conocido como “Gary” y un señor de la guerra llamado Amniat-Melli:

“Gary puso un fajo de dinero en efectivo sobre la mesa: 500.000 dólares en pilas de 30 centímetros de billetes de 100 dólares. Creía que sería más impresionante que los habituales 200.000 dólares, la mejor manera de decir que estamos aquí, que vamos en serio, que aquí hay dinero, que sabemos que lo necesitas… Gary no tardaría en pedir al cuartel general de la CIA y recibir 10 millones de dólares en efectivo”.

Reclutados en todo el mundo musulmán, el ejército secreto de Estados Unidos fue entrenado en campos de Pakistán dirigidos por la inteligencia pakistaní, la CIA y el MI6 británico. Otros fueron reclutados en un colegio islámico en Brooklyn, Nueva York, a la vista de las malogradas Torres Gemelas. Uno de los reclutas era un ingeniero saudí llamado Osama bin Laden.

El objetivo era difundir el fundamentalismo islámico en Asia Central y desestabilizar y finalmente destruir la Unión Soviética.


Intereses más amplios

En agosto de 1979, la embajada de Estados Unidos en Kabul informó de que “los intereses más amplios de Estados Unidos… se verían favorecidos por la desaparición del gobierno del PDPA, a pesar de los reveses que esto pudiera suponer para las futuras reformas sociales y económicas en Afganistán“.

Vuelvan a leer las palabras de arriba que he puesto en cursiva. No es frecuente que una intención tan cínica se exprese con tanta claridad.  Estados Unidos estaba diciendo que un gobierno afgano genuinamente progresista y los derechos de las mujeres afganas podían irse al infierno.

Seis meses después, los soviéticos hicieron su movimiento fatal en Afganistán en respuesta a la amenaza yihadista creada por Estados Unidos a sus puertas. Armados con misiles Stinger suministrados por la CIA y celebrados como “luchadores por la libertad” por Margaret Thatcher, los muyaidines acabaron expulsando al Ejército Rojo de Afganistán.

Los muyaidines, que se auto-denominaban Alianza del Norte, estaban dominados por señores de la guerra que controlaban el comercio de heroína y aterrorizaban a las mujeres de las zonas rurales. Más tarde, a principios de los años 90, surgirían los talibanes, una facción ultrapuritana, cuyos mulás vestían de negro y castigaban el bandidaje, la violación y el asesinato, pero prohibían a las mujeres la vida pública.

En los años ochenta, entré en contacto con la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán, conocida como RAWA, que había intentado alertar al mundo sobre el sufrimiento de las mujeres afganas. Durante la época de los talibanes ocultaban cámaras bajo sus burkas para filmar las pruebas de las atrocidades, y hacían lo mismo para denunciar la brutalidad de los muyaidines apoyados por Occidente. “Marina”, de RAWA, me dijo: “Llevamos la cinta de vídeo a todos los principales grupos de medios de comunicación, pero no quisieron saber nada…”

En 1996, el gobierno ilustrado del PDPA fue arrollado. El presidente, Mohammad Najibullah, había acudido a las Naciones Unidas para pedir ayuda. A su regreso, fue colgado de una farola.


El juego

“Confieso que [los países] son piezas en un tablero de ajedrez”, dijo Lord Curzon en 1898, “sobre el que se está jugando una gran partida para el dominio del mundo”.

El virrey de la India se refería en particular a Afganistán. Un siglo después, el primer ministro Tony Blair utilizó palabras ligeramente diferentes.

“Este es un momento que hay que aprovechar”, dijo tras el 11-S. “El caleidoscopio ha sido sacudido. Las piezas están en movimiento. Pronto se asentarán de nuevo. Antes de que lo hagan, reordenemos este mundo a nuestro alrededor”.

Sobre Afganistán, añadió esto: “No nos alejaremos [sino que aseguraremos] alguna salida a la pobreza que es su miserable existencia”.

Blair se hizo eco de su mentor, el presidente George W. Bush, que se dirigió a las víctimas de sus bombas desde el Despacho Oval: “El pueblo oprimido de Afganistán conocerá la generosidad de Estados Unidos. Al tiempo que atacamos objetivos militares, también lanzaremos alimentos, medicinas y suministros para los hambrientos y los que sufren…”

Casi todas las palabras eran falsas. Sus declaraciones de preocupación eran crueles ilusiones para un salvajismo imperial que “nosotros” en Occidente rara vez reconocemos como tal.


Orifa

En 2001, Afganistán estaba asolado y dependía de los convoyes de ayuda de emergencia procedentes de Pakistán. Como informó el periodista Jonathan Steele, la invasión causó indirectamente la muerte de unas 20.000 personas, ya que se interrumpieron los suministros a las víctimas de la sequía y la gente huyó de sus hogares.

Dieciocho meses después, encontré en los escombros de Kabul bombas de racimo estadounidenses sin explotar que a menudo se confundían con paquetes de ayuda amarillos lanzados desde el aire. Volaron las extremidades de niños hambrientos que buscaban comida.

En el pueblo de Bibi Maru, vi a una mujer llamada Orifa arrodillarse ante las tumbas de su marido, Gul Ahmed, tejedor de alfombras, y de otros siete miembros de su familia, entre ellos seis niños, y dos niños que fueron asesinados al lado.

Un avión F-16 estadounidense había salido de un cielo azul despejado y lanzó una bomba Mk82 de 500 libras sobre la casa de barro, piedra y paja de Orifa. Orifa estaba fuera en ese momento. Cuando regresó, recogió las partes de los cuerpos.

Meses después, un grupo de estadounidenses llegó desde Kabul y le entregó un sobre con 15 billetes: un total de 15 dólares. “Dos dólares por cada miembro de mi familia asesinado”, dijo.

La invasión de Afganistán fue un fraude. Tras el 11-S, los talibanes trataron de distanciarse de Osama bin Laden. Eran, en muchos aspectos, clientes estadounidenses con los que la administración de Bill Clinton había hecho una serie de tratos secretos para permitir la construcción de un gasoducto de 3.000 millones de dólares por parte de un consorcio de empresas petroleras de Estados Unidos.

Con gran secretismo, los líderes talibanes habían sido invitados a Estados Unidos y agasajados por el director general de la empresa Unocal en su mansión de Texas y por la CIA en su sede de Virginia. Uno de los encargados de cerrar el trato fue Dick Cheney, posteriormente vicepresidente de George W. Bush.

En 2010, estuve en Washington y concerté una entrevista con el cerebro de la era moderna del sufrimiento de Afganistán, Zbigniew Brzezinski. Le cité su autobiografía en la que admitía que su gran plan para atraer a los soviéticos a Afganistán había creado “unos cuantos musulmanes agitados”.

“¿Se arrepiente de algo?” le pregunté.

“¡Arrepentimientos! ¡Arrepentimientos! ¿Qué arrepentimientos?”

Cuando vemos las actuales escenas de pánico en el aeropuerto de Kabul, y escuchamos a periodistas y generales en lejanos estudios de televisión lamentándose por la retirada de “nuestra protección”, ¿no es hora de prestar atención a la verdad del pasado para que todo este sufrimiento no vuelva a ocurrir?.



* John Pilger (9 de octubre de 1939) es un reportero australiano que vive en Londres, famoso por sus libros y documentales. Su periodismo de investigación mereció el más alto premio británico  para periodismo, Journalist of the Year en dos ocasiones, y el UN Media Peace Prize (Premio a los Medios por la Paz de la ONU) también en dos ocasiones. Ha trabajado como corresponsal de guerra en muchos conflictos. Y ha recibido honores de varias universidades de diferentes países. Sus documentales han ganado, entre otros, un premio Emmy de la American Television Academy y otro premio Emmy de la British Academy of Film and Television Arts.


jueves, 19 de agosto de 2021

Repercusiones regionales y globales de la derrota de Estados Unidos en Afganistán.

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein.- La llegada al poder de los talibán en Afganistán, no solo marca la derrota de Estados Unidos en la guerra más larga de su historia, más importante aún es que pone formal colofón al intento estadounidense de implantar un sistema internacional unipolar tras los atentados terroristas en ese país el 11 de septiembre de 2001.

Este hecho motivó que la administración estadounidense declarara la guerra al terrorismo y a todos los países que protegieran a terroristas, en lo que denominó “Operación Libertad Duradera”, señalando a Osama Bin Laden como el principal sospechoso de los ataques y al gobierno talibán de Afganistán, como su protector. Tal decisión estableció el riesgo de que la agresión de Estados Unidos pudiera extenderse (como efectivamente ocurrió) a otros países de Asia Central, Asia Occidental e incluso el norte de África utilizando el subterfugio del “terrorismo islámico” como instrumento.

Tal decisión condujo a trascendentes cambios en el sistema internacional. En el trasfondo, Washington trataba de definir a su favor la disyuntiva entre un mundo multipolar y uno unipolar que se resolvió a favor de este último. Estados Unidos emergió como única potencia mundial con el apoyo de todos para luchar contra el nuevo "comunismo" ahora denominado "terrorismo". Las declaraciones de Bush del 11 y 12 de septiembre de 2001 y sobre todo la del día 20 de septiembre de ese año son -al igual que la Declaración Monroe y el Destino Manifiesto del siglo XIX y las 14 medidas de Wilson en el XX- el elemento ordenador y de principios de la política exterior de Estados Unidos para el siglo actual.

Lo que podríamos denominar Doctrina Bush de política exterior de Estados Unidos se caracterizó entre otras cosas por las siguientes definiciones: La utilización de cualquier arma de guerra que sea necesaria; la prolongación en el tiempo de las operaciones militares; la obligación de los países de asumir una postura ante la decisión de Estados Unidos que no dejaba espacios a posiciones alternativas: “Cualquier nación, en cualquier lugar, tiene ahora que tomar una decisión: o están con nosotros o están con el terrorismo” dijo Bush. Era la definición de un mundo falsamente bipolar. Los nuevos polos serían Estados Unidos y el terrorismo. Ante la imposibilidad de estar con el terrorismo lo que hizo fue imponer por primera vez en la historia un mundo unipolar.

Así mismo, la Doctrina Bush se caracterizó por la exacerbación de sentimientos nacionalistas y militaristas y por el involucramiento de todos los países y pueblos en el conflicto al afirmar que:”Esta es una lucha de todo el mundo, esta es una lucha de la civilización”. Igualmente, había que aceptar que, en el marco de un mundo unipolar Estados Unidos era el líder indiscutible: “Los logros de nuestros tiempos y la esperanza de todos los tiempos dependen de nosotros” dijo Bush. Finalmente, la necesaria inspiración divina encarnada también por Estados Unidos: “No sabemos cuál va a ser el derrotero de este conflicto, pero sí cuál va a ser el desenlace [...] Y sabemos que Dios no es neutral”.

Este nuevo paradigma hizo que la agenda política internacional sufriera un cambio radical puesto que la atención de las naciones se centró primero en las manifestaciones de apoyo y solidaridad con el gobierno estadounidense y en secundar su propuesta de conformar una coalición para enfrentar al terrorismo; sin embargo, a posteriori la atención giró en torno a la seguridad nacional.

Esto es lo que se ha desvanecido abruptamente el pasado 15 de agosto cuando los talibán entraron en Kabul. Mucho se podría hablar de lo que ha ocurrido en los últimos 20 años, ríos de tinta se han vertido buscando explicación a los hechos vertiginosos que comenzaron el 6 de agosto con la captura de la ciudad de Zaranj, capital de la provincia de Nimroz en el suroeste del país, junto a la frontera con Irán, primera capital provincial que los talibán ocuparon en su indetenible marcha hacia Kabul, conquistada el domingo ante el estupor de las fuerzas de ocupación y los gobiernos occidentales.

De alguna manera, la victoria talibán, también es un duro golpe a la doctrina de pivote asiático de Obama quien en 2011 declaró que Estados Unidos sería una potencia en los océanos Índico y Pacífico a partir de lo cual ha hecho gigantescos esfuerzos – sin mucho éxito- para construir un bloque de países asiáticos contra China.

Han pasado muy pocos días para intentar hacer un trazado cierto de los escenarios que pudieran sobrevenir en Afganistán en sus futuros inmediato y ulterior. En gran medida, dependerá del comportamiento de la dirigencia talibán en el sentido de dar pruebas o no de un cambio respecto de su actuar cuando fueron gobierno entre 1996 y 2001. Aunque resulte paradójico, es más viable evaluar el impacto de los hechos ocurridos en una perspectiva regional y global.

En general, el dispositivo militar estadounidense en Asia Central, Asia Occidental y el norte de África ha sufrido un golpe mortal y deberá recomponerse a partir de nuevos criterios, buscando nuevos enemigos y estableciendo alianzas de nuevo tipo, porque el territorio al que arribaron con total impunidad en el año 2001 y su entorno, ahora tienen una configuración política y geoestratégica totalmente distinta.

Esta aseveración viene dada sobre todo, por la existencia de una Rusia fuerte y actuante en el escenario regional, muy diferente al país enclenque cuya conducción era recién asumida por Vladimir Putin después de la desastrosa y entreguista gestión de Boris Yeltsin. Así mismo, China la otra gran potencia regional, ya no es aquel país marginal que luchaba por su sobrevivencia económica y por ganarse un puesto real entre los grandes poderes del planeta.

Precisamente cuatro meses antes de la invasión estadounidense, en junio de 2001, con visión futurista ambos países junto a Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán crearon la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) como instrumento conjunto para garantizar la seguridad regional, ante las amenazas de terrorismoseparatismo y extremismo. Con posterioridad, se incorporaron a la OCS, Uzbekistán, India y Pakistán como miembros plenos y el propio Afganistán, Bielorrusia, Irán y Mongolia como observadores, de manera tal que el entorno regional de Afganistán está integrado bajo una lógica de seguridad que apenas daba sus primeros pasos cuando el presidente George W. Bush lanzó la operación “Libertad duradera” el 7 de octubre de 2001.

En el ámbito regional, los acontecimientos en Afganistán hacen muy difícil suponer que Estados Unidos logre sostener por mucho más tiempo su presencia en Irak y Siria. Así mismo, la guerra que sostiene su aliado Arabia Saudí en contra de Yemen pareciera tener los días contados. Igualmente, al estar Europa vinculada a través de la OTAN a los planes de guerra de Estados Unidos en todo el mundo, se verá obligada a reconfigurar su lógica bélica injerencista en África ( en particular en Libia) y Asia Occidental. Por supuesto, las causas palestinas y saharaui en contra de la ocupación israelí y marroquí respectivamente, cobrarán nuevos bríos.

En el contexto asiático, donde la integración económica, financiera y comercial se constituye en la más dinámica, efectiva y la que más crece en el planeta, difícilmente tendrá éxito la política estadounidense de aislar a China. Los países del sureste y del centro de Asia no van a arriesgar las trascendentes relaciones que han establecido con la mayor potencia regional, solo para dar felicidad a los inquilinos de la Casa Blanca. En este sentido, lo más probable es que ahora liberado de la tutela de Estados Unidos que lo impedía, Afganistán se sume a sus vecinos estableciendo vínculos de primer orden con China, Rusia e Irán.

En este sentido, y en lo que pudiera ser una orientación general que podría asumir el nuevo gobierno en materia de política exterior, cuando ya vislumbraban el fin de las operaciones que los llevaron a la captura del poder, se apresuraron a visitar Rusia el 9 de julio y China el 27. En Moscú, anunciaron que el 85% del territorio del país estaba bajo su control, lo que generó incredulidad entre las autoridades y la opinión pública de Occidente. Ahora, los que quieren buscar explicación acerca de la “acelerada” ofensiva que los llevó a Kabul, podrán darse cuenta que no fue tan acelerada. Nótese, más de un mes antes del desenlace ya tenían ocupado el 85% del país.

Es la razón de que Rusia tampoco esté sorprendida por los hechos recientes. Nadie ha visto diplomáticos rusos rescatados en helicópteros ni colaboradores de la embajada colgados del tren de aterrizaje de los aviones. Dos días antes de la llegada de los talibán a Moscú, el canciller Serguei Lavrov de visita en Laos afirmó que su país estaba “observando de cerca lo que está sucediendo en Afganistán, donde la difícil situación tiende a deteriorarse rápidamente, incluso en el contexto de la salida apresurada de las tropas estadounidenses y de la OTAN”. Ojo, dicho, más de un mes antes de la llegada de los talibán a Kabul. A continuación, Lavrov dio la explicación más certera de la causa de los hechos que habrían de sobrevenir: “No pudieron lograr resultados visibles a la hora de estabilizar la situación durante las décadas que pasaron allí”.

En China, dos semanas después, los talibán se reunieron con el canciller Wang Yi a quien dieron garantías de que a su llegada al poder deseaban “tener buenas relaciones con China con la expectativa de su participación en el proceso de reconstrucción y desarrollo de Afganistán” asegurando que no permitirían que “ninguna fuerza use el suelo de Afganistán para dañar a China”. Vale repetirlo, para los que se sorprenden de la “rápida” ofensiva talibán, deben saber que un mes antes de ocupar el palacio presidencial de Kabul, ya estaban haciendo compromisos de Estado con dos de las potencias integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU, casualmente las dos que tienen presencia regional directa en el área.

Es verdad que ahora China podría tener preocupaciones porque una situación de inestabilidad en Afganistán pueda extenderse a Xinjiang y generar dificultades en las inversiones relacionadas con la Ruta de la Seda, pero en las condiciones actuales, lo cierto es que la única fuente de inversión y comercio que pueda tener el gobierno talibán para el desarrollo de su país está vinculada a su incorporación plena a dicho magno proyecto.

En el debate sobre los escenarios probables, no se puede obviar que la huída estadounidense de Afganistán, pudiera dar paso a un mayor protagonismo de sus agencias de inteligencia a fin de estimular a fuerzas terroristas que aún subsisten en el país, con el objetivo de que operen contra Irán, China y Rusia. Pero, vale reiterarlo, los talibán necesitan reconstruir el país y el apoyo económico de China es invaluable, sobre todo ahora que –como ya es tradicional- Estados Unidos anunció la apropiación de las reservas de oro de Afganistán que están bajo su control. Habría que agregar que Occidente y las instituciones financieras bajo su control ya informaron de la cancelación de todo tipo de ayuda para el país centroasiático.

En el contexto, el vocero de la cancillería china Hua Chunying afirmó el lunes 16 que su país “respeta los deseos y decisiones del pueblo afgano” y que esperaba que tal como lo han dicho los talibán, hagan una transición bajo un “gobierno islámico abierto e inclusivo”. El funcionario chino agregó que sería deseable que el nuevo gobierno tome “medidas enérgicas contra todo tipo de actividades terroristas y criminales y permita que el pueblo afgano se mantenga alejado de la guerra y reconstruya su hermosa patria”. Para los que no sepan cómo se maneja una diplomacia con seriedad, Hua hizo saber que “China mantuvo contacto y comunicación con los talibán respetando la soberanía del país…”

Una situación muy distinta es la que muestra Europa. Su decisión de actuar como “furgón de cola” de la política guerrerista de Estados Unidos en el mundo los ha llevado a la vergüenza y al ridículo. Podría ser este hecho el detonante de una crisis de identidad en torno a la necesidad de tener política propia en materia internacional y de seguridad.

Nadie lo ha dicho más claro y contundente que las autoridades alemanas. Sin paliativos, la canciller federal Ángela Merkel reconoció su propio fracaso, al mismo tiempo que sin sufrir bochorno alguno dio cuenta de la subordinación de Alemania y Europa a Estados Unidos al afirmar que: "Siempre dijimos que nos quedaríamos si los estadounidenses se quedaban" y puntualizó que la decisión de abandonar Afganistán fue "esencialmente tomada por Estados Unidos" considerando que se debió a "razones de política interna". Muy tarde descubrió Merkel que “las fuerzas armadas afganas no estaban atadas al pueblo [y que] no funcionó como pensábamos”. Sabiendo que abandona el cargo y se retira de la política no tuvo contratiempos para afirmar que la intervención internacional más allá de las operaciones antiterroristas, ha sido "un esfuerzo sin éxito".

Su ministro de relaciones exteriores Heiko Mass fue incluso más preciso, al asegurar que “el gobierno federal, los servicios de inteligencia y la comunidad internacional habíamos juzgado mal la situación en Afganistán”. Por supuesto, cuando habla de comunidad internacional se refiere a la OTAN y sus aliados. Sin mucho sentido del momento, afirmó con amargura que “sin las fuerzas estadounidenses y sin un compromiso más amplio de la OTAN, el despliegue del ejército alemán no tenía mucho sentido”.

Mucho más vergonzoso es el papel jugado por los que solo acuden al llamado, para ganar indulgencias del hegemón. En este sentido, el caso de España es patético. En una editorial del diario El País de Madrid del pasado lunes 17 de agosto se expone una queja al referir que los hechos no habían ocurrido como se habían previsto y que le corresponde a Estados Unidos “explicar qué y por qué”, para terminar gimoteando sin sonrojo porque el desastre que ha sobrevenido en Kabul no solo ha puesto en peligro a los soldados estadounidenses: “España tiene que improvisar en horas una repatriación de medio millar de personas”. Es decir, ni siquiera les avisaron que se iban y los dejaron a su libre albedrío después de ser usados como carne de cañón durante 20 años. Así tratan los amos a los esclavos complacientes.

En el plano interno de Estados Unidos, la popularidad de Biden ha llegado al punto más bajo desde el inicio de su mandato, cayendo a menos del 50%. Aunque debe decirse que se vio obligado a hacer lo que sus antecesores no tuvieron el valor político de asumir, es claro que su política está ausente de visión estratégica, lo cual augura un avance más rápido de la decadencia imperial. Su economía no mejora y esta decisión -encaminada a eliminar un gasto innecesario en su presupuesto- es solo un paño tibio para tratar de curar la gangrena política, económica, militar y moral que aqueja al imperio.

Fuente: La pupila insomne

sábado, 14 de agosto de 2021

La edad de China

La opción de tres hijos por pareja intentará paliar el envejecimiento de la nación más poblada del mundo.

Rafael Poch de Feliú, 10 agosto 2021


Occidente lleva varias décadas contemplando el pujante ascenso de China pero tiene dificultades para explicarlo y diagnosticarlo. Por ejemplo, ante la pregunta ¿cuál es la diferencia fundamental entre el sistema chino y los sistemas occidentales?, la ortodoxia liberal occidental suele responder hablando de “dictadura”, “derechos humanos” y “democracia”. La verdadera diferencia es la superior capacidad de gobierno. La política demográfica como ejemplo.

En todas partes los gobiernos gobiernan más o menos, en el sentido de que frecuentemente es la inercia, la corriente de las cosas y la fuerza de las circunstancias la que les gobierna a ellos. En China, desde luego, también. Pero menos. Porque el sistema político tiene las riendas de la gobernanza mejor sujetas. El poder político controla los nombramientos de los principales banqueros del país y los multimillonarios están sometidos sea cual sea su fortuna. El país está plenamente inserto en la globalización pero la propiedad extranjera de los principales bancos comerciales tiene un tope establecido, pese a las décadas de presiones occidentales para que se liberalice todo el sector.

No es una cuestión de “partido comunista”, “Estado autoritario” y demás, sino que es algo que viene de mucho más lejos: de la tradición de gobierno china en la que el estado regula el mercado y no al revés, como sucede actualmente en Occidente hasta el punto de que la canciller Merkel admite abiertamente propugnar una “democracia acorde con el mercado” (Marktkonforme Demokratie).


Planificación, anticipación

Aquí son los banqueros, y con ellos el casino, quienes gobiernan a los políticos, por decirlo de una manera esquemática, mientras que en la tradición china, mandan los políticos. Era así ya hace muchos siglos antes de que apareciera el Partido Comunista Chino. En las condiciones actuales, eso ofrece mucha mayor capacidad de gobernar. La posibilidad de planificación a veinte o treinta años, algo imposible en Occidente donde los cálculos políticos no suelen superar la perspectiva del quinquenio electoral, es consecuencia directa de dicha capacidad. Todo esto tiene una relación directa con los resultados del último censo de población chino.

Divulgados en mayo, esos resultados han confirmado una población de 1400 millones que ha seguido creciendo pero que está a punto de iniciar la curva del descenso, seguramente antes de diez años. Para entonces China ya no será el país más poblado del mundo, India la superará, y también África en su conjunto tendrá más habitantes que ella, lo que anuncia la multiplicación hacia Europa de la actual presión migratoria. (¿Tiene Europa alguna política de anticipación y capacidad de planificación en general, al respecto?)

Hace años que el gobierno chino tomó medidas para anticiparse a su actual tendencia demográfica que le dejará una estructura poblacional anciana muy parecida a la de Japón o Corea del Sur, con grandes implicaciones económicas y sociales.

Desde inicios del siglo se está poniendo en marcha un sistema de pensiones universal. A principios de año el gobierno confirmó su intención de retrasar algunos meses cada año la edad de jubilación, que desde hace cuarenta años es de 60 años para los hombres y 55 para las mujeres -50 en el caso de las funcionarias. La abandonada y en gran parte mercantilizada sanidad se está transformando en una dirección más social y la exitosa, aunque frecuentemente denostada en Occidente, política del hijo único lleva años modificándose.


Población y desarrollo

Desde tiempos inmemoriales la enorme población china ha sido doblemente clave para explicar tanto su potencia como su vulnerabilidad. En los inicios de la dinastía Ming, hacía 1390 China tenía entre 65 millones y 80 millones de habitantes, más que toda la población europea. En 1790 había sobrepasado los 300 millones, el doble que Europa. La gran población hizo posible los desarrollos que tanto admiraron a los viajeros occidentales a lo largo de los siglos en los que China fue el país más avanzado, pero también agravaban las consecuencias de los periodos de caos (Da luan). Entre 1620 y 1681, China perdió el 30% de su población, unos 50 millones, por causa de guerras, invasiones extranjeras, desastres naturales, bandidismo y epidemias. La abundancia de mano de obra que permitió grandes obras públicas de irrigación, frenó también la mecanización e incluso hizo superflua la tracción animal. En el inicio de la decadencia, el exceso de fuerza de trabajo humana fue un claro freno al desarrollo.

Después de la revolución, los primeros y defectuosos censos de población registraban un gran crecimiento: 582 millones en 1953 y 694 millones en 1964. Había diferencias entre los dirigentes sobre la conveniencia de introducir controles de natalidad (Zhu Enlai lo propugnaba desde 1956 pero su corriente fue purgada por “derechista”). Las nuevas libertades de la mujer, la caída drástica de la mortalidad infantil como consecuencia de mejoras sanitarias y el aumento de la esperanza de vida por una mejor alimentación, así como la prohibición de la prostitución y el cierre de conventos y monasterios, estimularon la demografía superando la catástrofe del Gran salto adelante (la mayor hambruna del siglo XX por la confluencia de desastres naturales y decisiones políticas), que dejó unos 20 millones de muertos.


La campaña del hijo único

En los sesenta y principios de los setenta, muchas familias tenían cinco y seis hijos. En 1982 se hizo el primer censo exacto, que arrojó más de 1000 millones de habitantes. Entonces se alcanzó el consenso entre los dirigentes de llevar a cabo un enérgico plan de control de población para evitar que los avances en desarrollo fueran devorados por el incremento demográfico, una trampa clásica en los países en desarrollo. La campaña no fue sencilla. Particularmente en el sur del país, la corrupción lograba que los pudientes torearan la ley que, por supuesto, incluyó coerción. Mucha gente huía cuando los equipos de esterilización llegaban a los pueblos para las llamadas “cuatro operaciones” (colocación del DIU, aborto, ligadura de trompas y vasectomía) y muchos funcionarios responsables del control tuvieron que trabajar con escolta armada, pero en su conjunto esa política fue un acierto que ahorró al país 400 millones de nacimientos potenciales que habrían superado la capacidad de abastecimiento del país.

La cancelación del límite de dos hijos, que a su vez fue una enmienda al precepto de un solo hijo, y la posibilidad de que las parejas tengan hasta tres hijos anunciada en mayo, es una anticipación a los problemas futuros de envejecimiento. Sus consecuencias están por ver. La gran urbanización de las últimas décadas ha cambiado profundamente la sociedad china. Los deseos de procrear de las parejas urbanas se someten a nuevos cálculos de costes y presupuestos domésticos. Así, una encuesta divulgada en junio por la agencia Xinhua reveló que el 90% de los jóvenes chinos consultados no consideran tener tres hijos. Demasiado costoso.


Mucha gente, poca tierra”

Superando los 1400 millones de habitantes, China está hoy muy cerca del tope de los 1600 millones más allá del cual el país carece de recursos alimentarios para abastecer a su población, según la estimación de la Academia de Ciencias. Todas las virtudes del sistema chino, que también tiene defectos sobrados, no impiden que en el ámbito de los recursos China esté llamada a enfrentarse a dilemas existenciales con una crudeza y gravedad desconocida en otras latitudes. La crítica relación entre su enorme población y la poca tierra cultivable que dispone es uno de ellos.

Conocido por la fórmula “mucha gente, poca tierra” (ren duo – tian shao), ese problema se resume en el hecho de que con solo el 6% de la tierra cultivable del mundo, China da de comer al 22% de la población mundial. Eso significa una ridícula proporción de tierra cultivable per cápita (0,093 hectáreas- media hectárea por explotación), es decir, menos del 40% de la media mundial, diez veces menos que la media rusa, ocho veces menos que la de Estados Unidos y la mitad que en India. Unido a la particular geografía china Este/Oeste (en el Este se encuentra la China relativamente llana, densamente poblada y Han, en el Oeste hay una China montañosa, desértica, pastoril, étnicamente más mestiza y diversa) y al desigual reparto de recursos hídricos (Norte/Sur), todo ello redunda en un delicado equilibrio.


Giro estratégico

Más allá de ese problema de seguridad alimentaria que el último plan quinquenal (2021-2025) ha colocado en el centro de las preocupaciones, el rápido envejecimiento que está por venir deja a China sin más alternativa aparente que la automatización doméstica a la japonesa y la deslocalización del trabajo intensivo en mano de obra hacia latitudes con poblaciones en edad laboral en dinámico crecimiento, como puede ser África.

La inversión china en África no es solo una estrategia nacional. También es un regalo a la Unión Europea a la que puede ahorrar muchos problemas de emigración en el futuro pese a lo cual esa intervención es vista con recelo en Bruselas, lo que nos lleva, de nuevo, al problema de los defectos e incapacidades de anticipación de la política occidental. China está invirtiendo fuertemente en robótica, medicina, biología sintética, células nanobóticas y otras tecnologías que pueden mejorar y extender la vida productiva de las personas mayores. Pero toda esta adecuación se inscribe dentro de un cambio fundamental y superior en la estrategia china de desarrollo para tiempos convulsos.

Los dirigentes chinos han comprendido que el propósito de Estados Unidos es aislar a su país para impedir su pujante ascenso, cuya siguiente fase apunta a un proceso no militarizado de integración mundial expresado en la llamada Nueva Ruta de la Seda. Para ello Estados Unidos utiliza una combinación de cercos y tensiones militares, campañas propagandísticas, sanciones y bloqueo de acceso a altas tecnologías. La línea emprendida desde 1980, de crecimiento intensivo en capital, exportación barata e importación masiva de tecnología, se ha agotado para China. La llamada estrategia de “doble circulación” anunciada el año pasado por el Presidente Xi Jinping, no rechaza la cooperación económica con el mundo exterior pero pone en primer plano la producción y el consumo interno.

Como dice Aleksandr Lománov, del Instituto de relaciones internacionales de Moscú (Imemo-Ran), “la política de apertura se combinará con la creación de industrias y tecnologías necesarias para proteger la soberanía económica”. No es un regreso a la era del aislamiento y la autosuficiencia de los años 1960 y 1970, pero es algo diferente de las aperturas que desembocaron en la “fábrica del mundo”.


Una nación prudente por lo anciana

China ya es anciana por la estructura de su pirámide demográfica: para el 2050, el 30% o 35% de su población tendrá más de sesenta años. Una estructura poblacional con pocos jóvenes es lo que los sociólogos consideran poco proclive a la violencia y la aventura. Pero China es también una anciana por su “edad histórica”, es decir como heredera de una tradición política continua de dos mil años y de una civilización de cuatro mil, lo que traducido es como si en nuestros días existiera el Imperio romano o como si el Egipto faraónico hubiera mantenido su identidad cultural. Esa capacidad de sobrevivir merece la pena de ser explorada sin prejuicios y con la mente abierta, precisamente ahora cuando la humanidad se enfrenta a amenazas existenciales creadas por ella misma, como el calentamiento antropogénico, la proliferación de recursos de destrucción masiva o las enormes desigualdades sociales y regionales.

El resurgir de China como potencia global no es un ascenso, sino un regreso: China ya fue en el pasado primera potencia. El dominio económico, político, militar y cultural de Occidente lleva durando solo unos doscientos años. Hasta hace unos doscientos años y a lo largo de dos mil, China era la civilización más potente y adelantada. Ser poderoso por primera vez no es lo mismo que volver a serlo. Lo primero suele llevar consigo la impulsiva euforia exploradora del pionero y un espíritu de juvenil revancha. Lo segundo incluye las enseñanzas de los fracasos, miserias, derrotas y humillaciones de la decadencia que en el pasado ya la descabalgaron una vez del primer puesto. El ascenso abre puertas a la vehemencia y la arrogancia. El regreso sugiere sensatez y consideraciones derivadas de la experiencia como la de evitar errores conocidos.

Al lado de la violenta e impetuosa juventud de Occidente, y en particular de la adolescencia norteamericana, la senectud asiática podría presentar ciertas ventajas de cara a una gobernanza global viable, es decir no militarizada e integradora.


(Publicado en Sapiens)


Fuente: Rafael Poch de Feliu

viernes, 6 de agosto de 2021

Libertad y golpismo en Lima, Miami y Madrid

Andy Robinson*, Lima , ctxt, 28/07/2021.- Miami es una aficionada en el arte del golpe latinoamericano comparada con otra ciudad de élites rancias y comunidades de exilios inventados, integradas por blanqueadores y especuladores inmobiliarios. Pongamos que hablamos de Madrid.

Tras una semana en Miami a principios de este mes, pensé que la ciudad de Marco Rubio y Jorge Más Canosa era el mayor peligro para las democracias latinoamericanas, un centro neurálgico de operaciones de mercenarios y golpes de Estado. 

Pero al llegar a Lima la semana pasada, donde las amenazas golpistas contra el nuevo gobierno de Pedro Castillo siguen circulando, empecé a darme cuenta de algo muy preocupante. Miami es una aficionada en el arte del golpe latinoamericano comparada con otra ciudad de élites rancias y comunidades de exilios inventados, integradas por blanqueadores y especuladores inmobiliarios. Pongamos que hablamos de Madrid.


En Miami había visitado la sede de la empresa de mercenarios CTU para confirmar que su dueño, el venezolano Antonio Intriago, radicado en Doral, el barrio venezolano, no solo había contratado a los asesinos colombianos del presidente de Haití sino que es activista del movimiento de ultraderecha estadounidense Blue Lives Matter que defiende la violencia policial.

De paso había hablado con Eduardo Gamarra de la Universidad Internacional de Florida sobre una operación de mercenarios en Bolivia contratados por el exministro de Defensa del infame gobierno de Jeanine Añez, Luis Fernando López, con el fin de derrocar al flamante presidente electo Luis Arce –elegido de forma abrumadora– en octubre del año pasado. López intentó contratar a 10.000 hombres para una mini invasión de Bolivia que partiría de una base aérea en Miami, según las grabaciones de la conversación entre López y Pereira obtenidas por The Intercept.


Para confirmar mis peores temores sobre Miami, había escuchado también a los cubano americanos en la Pequeña Habana exigir a Washington una invasión militar contra Cuba para solucionar la crisis humanitaria causada por el embargo que ellos mismos exigen a Washington. Y había repasado lo último de la operación Gideón, en la que la empresa de mercenarios Silvercorp organizó en 2019 una mini invasión de Venezuela con dinero de J.J. Rendon, el consultor venezolano millonario afincado en Miami. El director de la compañía, el exboina verde estadounidense Jordán Goudreau, vive en Melbourne, en la costa de Florida, al norte de Miami, y Silvercorp está registrada en el distrito chic de Brickell, también en Miami.


Todo esto confirma una vez más que, como dijo la autora de Cuba Confidential, Anne Louise Bardach, “la península de Florida parece en el mapa un puñal apuntado hacia América Latina y efectivamente lo es”. Pero tal vez, en el mismo mapa, España parece un hacha afilada en el océano Atlántico y Madrid en estos momentos es otro laboratorio de operaciones contra gobiernos de izquierda legítimamente elegidos. Miami proporciona los mercenarios y Madrid los discursos rimbombantes sobre la libertad con marca de premio Nobel.

Pongamos por ejemplo el XIV Foro de la Fundación Internacional para la Libertad (FIL) celebrado el pasado 9 de julio en la Casa de América en Cibeles con el apoyo del ultraconservador think tank estadounidense Atlas e impulsado por la corriente más radical del Partido Popular madrileño. El discurso de apertura fue pronunciado por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y el discurso del cierre por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, cuya campaña electoral se resumió en el eslogan “comunismo o libertad”.

El evento contaba con el pedigrí intelectual y cultural de Mario Vargas Llosa, presidente de la FIL, y de su obediente hijo Álvaro. Ambos estuvieron acompañados por una amplia gama de políticos de la derecha latinoamericana, desde Iván Duque, de Colombia, hasta Mauricio Macri, el expresidente de Argentina que, dicho sea de paso, se encuentra bajo investigación por su papel en el envío de armas a Bolivia –concretamente al mismísimo ministro de Defensa Luis Fernández López– que habrían sido usadas para operaciones contra manifestantes opuestos al golpe de Estado.

Tras una serie de elogios a Álvaro Uribe y a la oposición venezolana de Leopoldo López –otro conferenciante– y Juan Guaidó, los defensores de la libertad llegaron al tema del día: Perú. En el último momento, se había fichado como tertuliano presencial al exministro peruano Daniel Córdova Cayo, que fue presentado como “un buen amigo de la FIL”.

Córdova no dudó en afirmar que “ha habido un fraude electoral en Perú y las pruebas son contundentes”, y reprochó a “demócratas de antaño que ahora nos llaman golpistas”. El exministro remató que “las dictaduras actuales son de izquierdas que buscan la forma de perpetuarse en el poder”. Esto pese a que Pedro Castillo lleve toda su vida dando clases u organizando el sindicato en un pueblo de la marginada sierra andina, mientras Córdova y las elites blancas repartían el botín en Lima.


Enfadado por el hecho de que los eurodiputados no hayan sido tan fácilmente convencidos por la derecha española respecto al (inexistente) fraude en Perú, o del (inexistente) fraude en Bolivia, por no hablar de Venezuela, Córdova terminó su intervención con el llamamiento “a los partidos políticos españoles, en particular el PP y Vox, para que nos ayuden a convencer al Parlamento Europeo”. Esto ocurrió el pasado 9 de julio en un momento en el que las presiones golpistas en Perú contra Pedro Castillo –que ganó las elecciones aquel día por un margen de 40.000 votos– iban in crescendo.

Córdova –me cuenta una académica en una universidad en Lima– “fue izquierdista hasta renacer como neoliberal más por su ambición que por sus conocimientos”. Su frustración contra los “demócratas de antaño” que defienden el resultado de las elecciones y la legitimidad de la victoria de Castillo vale también para todos los observadores internacionales, las Naciones Unidas y hasta la Organización de Estados Americanos (OEA) de Luis Almagro, que ha dado por buenos los resultados pese a haber legitimado un golpe de Estado en Bolivia en octubre de 2019. Es decir, que la FIL y sus anfitriones del PP madrileño están un poco solos en este asunto.


Después de Córdova, intervino Vargas Llosa advirtiendo de que si Pedro Castillo llega al poder “habrá desaparecido la democracia en Perú”. Castillo defiende “el modo de Venezuela”, aseguraba el premio Nobel, que terminó su intervención con la promesa de que –ante “la llegada del marxismo leninismo a la presidencia peruana”– “¡no lo vamos a permitir!”.

Acto seguido Álvaro Vargas Llosa dio el golpe de gracia en apoyo implícito al golpe de Estado. “Pedro Castillo tiene la intención de instalar un régimen semejante a los regímenes que hay en Venezuela y en Cuba, que representan la barbarie en América Latina”, dijo. Si Pedro Castillo sigue adelante con su propuesta de celebrar un referéndum sobre la creación de una asamblea constituyente, “se pondrá fuera de la legalidad”. En ese caso habría que responder con “movilizaciones en la calle”. En su argumento quedó implícito que si Castillo está fuera de la ley, ¿quién podría oponerse a una acción militar?



Esto tal vez para los lectores de la prensa madrileña y los directores de la Casa de América es parte del libre debate de ideas. Pero en Lima las amenazas de golpe de Estado contra el nuevo gobierno de Pedro Castillo van muy en serio. Álvaro Vargas Llosa se sentirá satisfecho de que los fujimoristas ya estén acampados desde hace semanas delante del Palacio de la Justicia en Lima con pancartas que anuncian “Libertad” y “No al comunismo y el terrorismo”. Todos piden intervención militar. Al igual que en Madrid , las defensas de la libertad maquillan el racismo. “Los ronderos (campesinos) creen que como vienen de la sierra, donde no hay mucha educación, que son unos pobrecitos… pero hay pobres que se superan”, dijo una fujimorista.

Mientras, los murmullos fujimoristas de la calle se repiten en sectores más peligrosos. Un grupo de militares coordinado por Jorge Montoya, el exalmirante diputado de la ultraderecha en el Congreso, ya ha advertido de que si Castillo sigue adelante con su plan de convocar un referéndum para crear una asamblea constituyente sería la justificación para una intervención militar. Exactamente el mismo argumento que los de Vargas Llosa y la FIL. Como dice en una entrevista que publicaremos esta semana en La Vanguardia Verónika Mendoza, la líder de la izquierda peruana y aliada de Castillo que apoya la constituyente: “Hay una ultraderecha internacional que avala maniobras golpistas”. Y añade: “No tengo la menor duda de que intentarán desde el parlamento impulsar una vacancia (impeachment), y mantener esos niveles de violencia en las calles. Muchos medios de comunicación, y líderes políticos, terminaron avalando este golpismo”. En Madrid aplaudirán.



*Andy Robinson

Fue corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Nueva York y hoy ejerce como enviado especial en América Latina para este periódico. Su último libro es ‘Oro, petróleo y aguacates: Las nuevas venas abiertas de América Latina’ (Arpa 2020)